CIENTÍFICOS DESCUBREN QUE LOS ÁRBOLES SE COMUNICAN Y SE PROTEGEN ENTRE ELLOS

Ciencia

 

La Dra. Suzanne Simard de la Universidad de Columbia Británica, lleva más de 30 años investigando cómo se comunican los árboles y ha demostrado que aquellos que son de la misma especie, interactúan entre ellos y se ayudan a sobrevivir.

 

Cuando observamos un bosque vemos un conjunto de árboles, pero en realidad es mucho más de lo que percibimos con nuestros ojos, ya que bajo tierra existe un mundo de infinitos caminos biológicos que conectan a los árboles entre ellos y le permiten comunicarse y comportarse como un solo organismo. Esto nos lleva a pensar en la existencia de algún tipo de inteligencia desconocida.

 

Suzanne y su equipo descubrieron que hay una red debajo del suelo que se extiende por todo el bosque. Un puñado de tierra puede contener kilómetros de diminutos hilos; estos hilos son micelios, es decir raíces de hongos que tienen una simbiosis con las raíces de los árboles. Bajo tierra, las raíces se juntan con los hongos; por ejemplo, un árbol envía Co2 hacia abajo y pasa por el sistema de raíces donde los hongos, que son los mensajeros, envían ese Co2 a otro árbol que lo necesita; de modo que todos los árboles laboran unidos recibiendo y enviando gran cantidad de información y nutrientes como si todo el bosque fuera un solo individuo o una gran familia.

 

Para comprobar esta hipótesis, la experta realizó una serie de experimentos utilizando secuencias de ADN de esas especies, y logró establecer que existen conexiones entre los distintos árboles.

 

Con esos datos, realizó un modelo para poder visualizar la red. Susanne afirma que encontraron que todos los árboles estaban vinculados con los demás bajo el suelo en este bosque, y que no había ningún árbol que no fuese parte de esta red; además afirma que los árboles también tienen sentimientos y pueden vivir emociones de dolor o miedo. Si a uno de ellos lo ataca un insecto o un ser humano, avisa a los demás para que estén preparados frente a la amenaza.

 

La Bióloga Susan Dudley de la Universidad McMaster, Canadá, también apoya la teoría de que los árboles son seres sociables y que hablan un idioma común, no compiten con los de su misma especie, se apoyan los unos a los otros y tienen desarrollada una conciencia de grupo. Dudley descubrió que cuando la planta Impatiens pallida está rodeada de los de su misma especie dedica menos energía a expandir sus raíces y ocupa poco lugar, pero cuando no es así, expande sus raíces lo más rápido posible a un área mayor.

 

Por otro lado, el químico y zoólogo estadounidense Davey Rhoades infectó un bosque de sauces con unas orugas tóxicas con la intención de verificar si estos árboles se protegían de ellas; para defenderse, el árbol elevó su nivel de ácido clorogénico que es tóxico para las orugas y estas murieron. Lo curioso fue que un grupo de sauces cercanos que no había sido infectado por estos insectos, también elevó su nivel de ácido clorogénico ante un posible ataque, esto demostró que hubo algún tipo de comunicación entre los sauces.

 

Algo muy similar sucede con las acacias, las jirafas mordisquean sus hojas tan solo un momento y enseguida los dejan porque saben instintivamente que cuando estos árboles se sienten atacados generan taninos que son mortales para los herbívoros, y no solo eso, las jirafas ya no pueden comer ningún árbol de ese bosque porque todos a la vez empiezan a generar ese tóxico, lo que también demuestra que hubo algún tipo de comunicación.

 

Hace más de 20 años, otro científico, el Francés Paul Caro observó que los bosques atacados por orugas segregaban más dosis de taninos con el fin de matar a las larvas; curiosamente, para alejar a sus competidores vegetales, el nogal utiliza las hojas que caen de él y al descomponerse segregan un tóxico.

 

 

 

 

 

 

Otra revelación interesante de la Dra. Suzanne Simard es que durante la investigación descubrió que los árboles cumplen diferentes roles en la comunidad vegetal: los árboles más grandes y viejos a los que la ecologista llama “Árboles Madre” son los que están más conectados con el resto, y cuando los árboles más jóvenes germinan, les transfieren elementos vitales e información. En el estudio se concluyó que los árboles más viejos subsidian de alguna forma, a los árboles jóvenes, transfiriéndoles una gran cantidad de recursos y eso está asociado a la sobrevivencia y crecimiento del bosque. También explica que los “Árboles Madre”, son aquellos grandes y antiguos que atraen nuestra mirada cuando entramos en un bosque y que curiosamente están conectados con todos los árboles a su alrededor aunque sean de diferente especie. Estos árboles cuidan de sus retoños como una gran familia, se produce una transferencia de recursos e información de los más ancianos a los más jóvenes, por lo que si perdemos estos árboles ya sea por una sequía, por ataque de insectos o por la tala, toda la red puede colapsar porque son los puntos centrales. Lamentablemente, el ser humano aún no toma conciencia de este conocimiento y sigue depredando la naturaleza indiscriminadamente.

 

En otra parte del mundo, una de las máximas autoridades mundiales en neurobiología vegetal, el Dr. Stefano Mancuso, Profesor de la universidad de Florencia, Italia, considera que las plantas son seres muy inteligentes; para él, la inteligencia es la capacidad que se tiene para resolver problemas, y las plantas lo hacen muy bien. Creó el Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal en cual él y su equipo llevan 10 años de investigaciones. Este científico afirma que las plantas son la base de la vida del ser humano porque son la conexión entre el sol y la tierra. La energía solar que nos llega, es atrapada por las plantas y ellas consiguen transformarla en energía química, en azúcar, que es lo que los seres humanos necesitamos para poder vivir. Sin las plantas nosotros no podríamos vivir.

 

En un artículo anterior, informamos que un grupo de científicos había descubierto que las plantas también duermen. Ellos afirman que las plantas tienen un ciclo activo durante el día y descansan por la noche. Además, se comunican constantemente entre ellas a través de moléculas volátiles, así que cuando olemos el perfume de una flor, estamos oliendo un mensaje que la flor está enviando a los insectos o tal vez envía información a otras flores si se siente amenazada.

 

Otra investigadora revolucionaria en este campo es la Doctora Mónica Gagliano, del Centro de Biología Evolutiva de la Universidad de Western, Australia; ella, junto al Dr. Mancuso, y el nano biólogo Daniel Robert hablan de la comunicación entre los vegetales y de los sonidos que emiten las raíces del maíz. Los seres humanos no oímos a las plantas porque se comunican con infrasonidos, sus frecuencias son muy bajas, pero que no los oigamos no quiere decir que esos sonidos no existan.

 

Cada vez hay menos escepticismo a la hora de aceptar que las plantas utilizan sonidos para comunicarse. Según la física, sabemos que todo vibra y produce sonido, y en términos energéticos una planta gasta menos energía en emitir sonidos que en emitir señales químicas. Según estos investigadores, los vegetales tienen sensores auditivos, aunque son distintos a los oídos humanos o al de los animales. La membrana de las células vegetales reacciona a la vibración de una forma muy similar a nuestras células humanas.

 

Según un experimento realizado por la Real Sociedad de Horticultura de Londres, hablar a las plantas hace que crezcan más rápidamente, especialmente si quien les habla es una mujer.

 

Un equipo de investigación de la Universidad de Oxford descubrió que el césped y las plantas de guisantes, saben cuándo las plantas vecinas empiezan a tener escasez de agua, y entonces deciden cerrar los poros de sus hojas aunque no les falte el agua; al cabo de unas horas, si notan que la sequía no ha llegado hasta ellas, los vuelven a abrir.

 

La sabiduría de los árboles y las plantas son conocidos por los chamanes de todo el mundo quienes dicen que pueden hablar con ellos, porque son los árboles y las plantas los que les indican cuales de ellas pueden curar determinada enfermedad.

 

En el siglo IV a.C el científico griego Aristóteles afirmaba que las plantas tenían alma, aunque no creía que tuvieran sensibilidad. Por otra parte, Hipócrates, el padre de la medicina, aconsejaba a sus discípulos que hablaran con las plantas porque decía que ellas tenían el conocimiento de la curación. Mucho tiempo después, en el siglo XVIII Carlos Linneo, considerado el precursor de la botánica moderna, afirmó que los vegetales eran como los animales, solo que no podían moverse. Pero a principios del siglo XX Raoul Heinrich Francé, fue mucho más allá al afirmar que las plantas se mueven tanto como los animales, pero a una velocidad muchísimo menor.

 

Actualmente, varios estudios han demostrado que los pacientes recién salidos de una cirugía que ven árboles desde sus ventanas sanan más rápido y tienen menos complicaciones que aquellos que no los ven. También está demostrado que los niños con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad mejoran cuando tienen acceso a la naturaleza.

 

Finalmente, reproducimos las palabras de la Dra. Simmard: “Nosotros, los seres humanos, tenemos mucho que aprender de la naturaleza. Este descubrimiento nos enseña la importancia de construir alianzas, fortaleza comunitaria, donde cada uno de los miembros tiene un rol y que juntos somos más fuertes". "Hay que reinsertarnos como actores de este entorno y tratar a estas criaturas como si fuesen iguales a nosotros, porque las necesitamos".

 

 

Fuentes:

Simard SW, Perry DA, Jones MD, Myrold DD, Durall DM y Molina R (1997). Net transfer of carbon between ectomycorrhizal tree species in the field. Nature, 388: 579-582.

Beiler KJ, Durall DM, Simard SW, Maxwell SA y Kretzer AM (2010). Architecture of the wood-wide web: Rhizopogon spp. genets link multiple Douglas-fir cohorts. New Phytologist, 185: 543-553.

Gorzelak MA, Asay AK, Pickles BJ y Simard SW (2015). Inter-plant communication through mycorrhizal networks mediates complex adaptive behaviour in plant communities. AoB Plants, 7, plv050.

Achatz M, Morris EK, Müller F, Hilker M y Rillig MC (2014). Soil hypha-mediated movement of allelochemicals: arbuscular mycorrhizae extend the bioactive zone of juglone. Functional ecology, 28: 1020-1029.

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