EL DOLOR

Cuerpo

 

 

El umbral de dolor

Aunque el dolor es el mismo para todo el mundo, la sensación de angustia que nos produce varía enormemente. Hay quien aguanta dolores bastante intensos y quien no soporta ni un pellizco.

 

Necesitamos un estímulo mínimo para identificar una sensación como el dolor. El pinchazo de una aguja de acupuntura no se identifica con el dolor, pero sí clavarse una espina o cortarse con un cuchillo. Estas sensaciones estimulan más intensamente los receptores que se encuentran dispersos en todos los tejidos del cuerpo. Por regla general, las personas muy nerviosas son más sensibles al dolor, mientras que las más apacibles suelen ser algo más resistentes.

 

Tipos de dolor

Los tipos de dolor son tan diversos como las personas; sin embargo, vamos a tratar de diferenciar algunos:

 

* Dolor diferido. Con este nombre se entiende un tipo de dolor difuso, no necesariamente intenso, que suele producirse a una cierta distancia del órgano o tejido que lo está provocando. En general se origina en el interior del cuerpo, se transmite a través de un nervio ubicado en la zona, y se siente donde ese nervio termina. Entre este tipo de dolores se encuentra la mayoría de las molestias de origen intestinal.

 

* Dolor intenso y dolor sordo. Los dolores intensos suelen relacionarse con procesos agudos y los sordos con procesos crónicos. Evidentemente, hay variantes. Un cólico de riñón o vesícula siempre será un dolor intenso mientras que una lesión de rodilla usualmente será un dolor sordo. El dolor sordo está en la frontera entre la molestia y el dolor y habitualmente no cede en reposo. Si bien no impide la vida normal, la limita. Por su parte, el dolor agudo generalmente incapacita.

 

* Dolor con causa y localización determinada. En estos casos, el dolor es mucho más fácil de identificar. Por ejemplo, el dolor producido por un golpe o inflamación en la zona del cuello que impide tragar (es el caso de la faringitis). La inflamación se identifica por los cuatro síntomas que mencionaba Hipócrates, el padre de la medicina: rubor (enrojecimiento), tumor (hinchazón), dolor y calor. La inflamación es en la mayoría de los casos el esfuerzo del organismo por recuperarse de un proceso nocivo. Por ello, el tratamiento generalmente no debe apuntar a eliminarla, sino hacer que madure y se resuelva para superar el proceso de autodefensa.

 

PLANTAS MEDICINALES CON PROPIEDADES ANALGÉSICAS

Antidepresivos, somníferos, sedantes, tranquilizantes, antiinflamatorios, analgésicos... En medicina convencional se están logrando notables progresos y resultados. Pero muchos medicamentos, por ejemplo en las fibromialgias, no son eficaces, presentan riesgos o efectos secundarios negativos.

 

Por su contenido de salicilatos

Los salicilatos son los medicamentos antiinflamatorios convencionales por excelencia, como la aspirina (ácido acetilsalicílico). Los salicilatos están mucho más presentes en la naturaleza de lo que la mayoría piensa, incluso médicos. Los salicilatos naturales difícilmente provocan acidez o úlcera, como sucede frecuentemente con los productos de farmacia, aunque su acción es menos intensa. Sin embargo, en muchos casos conviene probarlos antes de recurrir a la pastilla.

 

* Abedul (Betula alba). El sauce, el fresno y el abedul presentan efectos comparables. Si bien el sauce es más potente que el abedul, su sabor es muy amargo.

 

* Fresno (Fraxinus excelsior). El fresno es un árbol con características medicinales y aplicaciones parecidas a las del sauce, aunque su acción es menos fuerte. Decían los antiguos alquimistas que un árbol que hunde sus raíces en la humedad puede curar las dolencias causadas por la humedad excesiva, uno de los factores desencadenantes de las crisis dolorosas de la artrosis.

 

* Sauce (Salix alba). La corteza y las hojas del sauce son ricas en salicilatos. Las podemos tomar en forma de polvo (por ejemplo en cápsulas) o bien mediante una decocción de 30 a 50 g de la planta en un litro de agua. La dosis es de varias tazas al día, que se pueden tomar o aplicar en cataplasmas y compresas calientes sobre la zona del dolor.

 

* Ulmaria o reina de los prados (Spiraea ulmaria). Es muy rica en salicilatos; de hecho, el nombre aspirina quiere decir «pequeña spiraea» en honor a esta planta. Se puede tomar de igual manera que la corteza de sauce.

 

Por su cualidad antiinflamatoria

* Árnica (Arnica montana). El árnica es una bella flor presente en Europa central y del norte. Tradicionalmente se decía “que te den árnica” cuando alguien tenía un dolor, lo cual nos indica lo popular que era su uso. Esta planta se puede encontrar en forma de tintura alcohólica para hacer fricciones y en diversas preparaciones medicinales. No conviene abusar de ella, ya que en algunas personas ha causado alergia.

 

* Grosellero negro (Ribes nigrum). Las hojas del grosellero estimulan la función de la corteza suprarrenal, que produce cortisona. La cortisona es el fármaco más efectivo como antiinflamatorio, pero tiene tantos efectos nocivos que solo se recomienda en casos graves y bajo indicación médica. Las hojas del grosellero nos permiten seguir un tratamiento parecido al farmacológico, pero sin sus efectos secundarios.

 

* Harpago (Harpagophytum procumbens). Es una raíz que crece en el desierto del Kalahari, en el sur de África. Se descubrió durante la guerra colonial de los boers, a finales del siglo pasado, cuando alemanes y holandeses vieron cómo los sanadores de la tribu de los hotentotes la utilizaban para curar a quienes habían resultado heridos. El médico alemán Meyer siguió a los chamanes hasta encontrar la preciada planta, que hoy en día está protegida y vigilada por el gobierno de la República de Sudáfrica. Sin duda, es la estrella de las plantas antiinflamatorias, aunque su sabor intensamente amargo obliga a tomarla en cápsulas.

 

* Hipérico o hierba de san Juan (Hypericum perforatum). Con ella se prepara el famoso aceite de hipérico. Sus partes floridas se sumergen durante unas pocas semanas en aceite virgen de oliva o de almendras y luego se filtra. El aceite se utiliza para hacer fricciones e incluso por vía interna. Fue muy popular en los ejércitos europeos durante el siglo pasado y el anterior, cuando se utilizaba como remedio general para contusiones y lesiones.

 

Por acción sobre las vías neurológicas

¿Quién no se acuerda de los famosos parches para el dolor o los lápices de olor a alcanfor que dejaban la piel enrojecida? Casi todas las familias han recurrido alguna vez a estos remedios. Las plantas con acción rubefaciente (que producen rubor o enrojecimiento) son en general muy buenas contra los dolores musculares o articulares (contusiones, luxaciones o artrosis), pero no sirven para los dolores de cabeza y de muelas, los producidos por espasmos o los de origen interno. Veamos algunas de ellas:

 

* Alcanfor (Cinnamomum camphora). Es la resina de un árbol exótico, pero la podemos encontrar en muchas farmacias cristalizada en forma de pastillas gruesas. La preparación de un alcohol alcanforado es sumamente simple: basta poner unas cuantas de estas pastillas (tres o cuatro) en un litro de alcohol hasta que se disuelvan. Si el alcohol es de romero, será mucho mejor.

 

* Guindilla (Capsicum spp). La capsaicina es una sustancia que contienen las guindillas, capaz de enrojecer la piel e interrumpir el flujo del dolor a través de las vías nerviosas. Su acción es tan potente que se está estudiando su utilización en dolores muy fuertes como los de ciertas migrañas o del cáncer. Ahora bien, si padecemos alguno de estos dolores consultemos al médico antes de aplicarnos la guindilla. El efecto enrojecedor es similar al de la mostaza.

 

* Mostaza (Sinapis alba, Sinapis nigra). La mayoría de los parches que se ponían nuestras abuelas eran sinapismos, un término derivado de sinapis, el nombre latino de la mostaza. Si queremos hacer un sinapismo casero, hervimos en agua unos 30 o 50 g de mostaza en polvo o en grano y luego empapamos un paño en el agua. Puede ponerse directamente sobre la zona dolorosa, pero con cuidado porque enrojece la piel. Si se mantiene demasiado tiempo, puede incluso provocar alguna quemadura (no por el calor, sino por los compuestos de la mostaza). La aplicación media es de quince a treinta minutos y su resultado suele ser excelente.

 

* Romero (Rosmarinus officinalis). El alcohol de romero es mucho más suave que el de las anteriores plantas, pero no por ello menos efectivo contra los dolores moderados. Es muy fácil de preparar: se cogen unas cuantas ramas de romero y se ponen en alcohol durante tres o cuatro semanas (cuanto más romero, mejor). Luego de filtrarse, se hacen fricciones sobre la zona dolorida. A diferencia de las plantas anteriores, es muy raro que produzca problemas en la piel.

 

 

ANALGÉSICOS NATURALES O ARTIFICIALES

En algunos casos, los analgésicos naturales son insuficientes para el control del dolor intenso y es necesario acudir a los remedios de síntesis.

 

En primer lugar, hay que tener muy claro que los analgésicos artificiales, incluso una aspirina, deben ser recomendados por un médico, ya que pueden tener contraindicaciones claras en caso de acidez o déficit de coagulación sanguínea. Por otra parte, tendremos en cuenta que el tratamiento del dolor no depende solo de un fármaco ni de un remedio natural: la pastilla o tisana es una parte del tratamiento.

 

El antiinflamatorio no natural debe utilizarse por lo general durante un período corto y solo cuando el dolor es muy intenso.

 

Muchos dolores, como las crisis agudas de ciática o artrosis, los cólicos (renales, nefríticos), los derivados de procesos cancerosos o las secuelas de traumatismos, heridas o postoperatorios, deben tratarse con antiinflamatorios de síntesis.

 

 

 

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA EDICIÓN 30.

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