EL MECANISMO DEL HAMBRE Y LA SACIEDAD

Cuerpo

 

El mecanismo del hambre y de la saciedad está mayormente regulado por el hipotálamo, una glándula neurohormonal situada en la base del cerebro y que tiene una íntima relación con los diversos órganos de producción de hormonas.

 

El hipotálamo y la hipófisis están íntimamente relacionados y entre ambos forman, organizan y dirigen todo el complejo sistema hormonal. Así, la neurohipófisis segrega sustancias que estimulan o inhiben la secreción de hormonas estimulantes inhibidoras de los diferentes centros endocrinos del organismo. De esta manera, el hipotálamo se configura como una especie de dirección de la dirección del sistema hormonal. Una alteración a este nivel provoca desequilibrios de notable importancia en el funcionamiento del cuerpo humano. También se relaciona el hipotálamo con la afectividad. De hecho, los procesos de anorexia y de bulimia suelen desencadenarse tras un problema afectivo o emocional determinado, que se ve agravado por la concepción errónea de la alimentación.

 

Los neurofisiólogos han determinado luego de muchas investigaciones, que existen núcleos nerviosos dentro del hipotálamo que originan la sensación de apetito o de saciedad. Estos centros se ven influenciados por múltiples factores, entre ellos el nivel de azúcar en sangre (una reducción de la glucosa del plasma incrementa intensamente el apetito, como sucede en algunas personas con diabetes), las reservas de glucógeno en el hígado y, como no, la tensión que tiene el estómago lleno con alimentos (a mayor presión, mayor saciedad).

 

Hay, además un factor psicológico indudable. Algunas personas se sacian antes que otras. Hay personas que disfrutan comiendo, hablando de la comida, preparándola y que parece ser que todo les gusta; suelen ser personas que por otra parte más que comer engullen, de forma que para saborear un plato han de comer en abundancia. En el otro extremo, tenemos a los denominados “inapetentes”, personas un poco maniáticas con ciertos alimentos, los cuales rechazan, que están todo el rato masticando y masticando sin acabar de tragar, y que en realidad no disfrutan, sino que más bien sufren con las comidas cuantiosas. Este tipo de personalidad se va formando desde la más tierna infancia; la actitud de la madre marca un papel importante en la evolución de estas tendencias hacia uno u otro lado.

 

Es importante tratar de mantener un equilibrio entre la cantidad y calidad de los alimentos que ingerimos en nuestra dieta diaria.

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