LA EXTRAORDINARIAS FUNCIONES DE LA PIEL

Cuerpo

 

 

 

Dr. José Luis Berdónces

Médico cirujano

Médico naturista

ESPAÑA

 

 

 

 

ANATOMÍA DE LA PIEL

La piel está compuesta por tres capas:

 

1. La epidermis o capa exterior. Está formada por una serie de capas celulares que se van descamando constantemente en su parte exterior y regenerándose a su vez en su parte interior, siendo un tejido de un ritmo de recambio excepcional.

 

2. La dermis o capa interior. Es la capa más interna; está vascularizada y alberga los receptores sensoriales del tacto, el dolor, el frío y el calor. Es muy importante destacar la presencia de estos receptores de los sentidos en la dermis, puesto que ellos dan información a los sistemas de regulación corporales y permiten que las funciones vitales de la piel se realicen correctamente.

 

3. El tejido subcutáneo. Es la base donde se asientan la epidermis y la dermis.

 

 

FUNCIONES DE LA PIEL

Si se entiende la piel como un solo órgano, es sin duda el más grande del todo el cuerpo. Su función primordial es mantener las barreras de defensa del organismo frente al medio ambiente exterior y ejercer una notable labor de intercambio de sustancias (absorción y eliminación).

 

* Función de barrera. Consiste en impedir el paso interior de todos los productos extraños al cuerpo (microbios y cuerpos extraños sólidos, líquidos y gaseosos). Esta función de barrera está siempre limitada, puesto que como veremos más adelante, ha de ser compatible con la función contraria, es decir, permitir el paso de las sustancias consideradas útiles para nuestro cuerpo. De todos modos, para que la función de barrera funcione perfectamente es esencial mantener una higiene absoluta de la piel y conservar su integridad.

 

* Mantener la temperatura interior a pesar de los cambios externos. La piel reacciona ante el frío con una constricción de los capitales periféricos, provocando la conocida “piel de gallina”, para que llegue mucha menos sangre a la piel y conservar así el calor. Para perder calor, por el contrario, se produce una dilatación vascular importante.

 

* Funciones del exterior al interior. En este sentido, la piel desempeña las funciones de adsorción y absorción.

 

La adsorción consiste en la toma de gases del medio ambiente exterior. Esta función no está tan desarrollada como la de la absorción, pero merece ser tomada en cuenta.

 

La función de absorción es tan intensa en los niños que se han producido casos de emborrachamiento de lactantes por el simple hecho de haberles puesto colonia (debido a su contenido de alcohol). Aunque este ejemplo corresponda a casos aislados, es válido para demostrar la capacidad de intercambio de la piel. Por esta razón, debemos ser extremadamente cuidadosos al aplicar en la piel de los niños ungüentos, pomadas, etc.

 

Dentro de la función de absorción, hay que incluir la absorción de energía solar por la piel. En la piel existen los melanocitos, que son capaces de transformar la provitamina A en vitamina A, mediante la energía solar; produciéndose un aumento de la pigmentación en el proceso. La vitamina A, además de ejercer una función beneficiosa para la propia piel (entre muchas otras funciones), es esencial para un desarrollo correcto de la vista.

 

También deberíamos citar otros intercambios de energía cósmica a través de la piel (la energía solar es un tipo de energía cósmica). Así tenemos absorción de energías por medio de aplicaciones de arcilla, lodo o arena, y la importantísima función de intercambio energético que se realiza por medio del tacto entre el niño y sus semejantes, especialmente el padre y la madre.

 

* Función depurativa. Se produce del interior al exterior. La piel, por sus mecanismos depurativos, ha sido considerada como el “tercer riñón”. Mientras que la medicina oficial solo concede el carácter depurativo a la eliminación sudorípara, los médicos naturistas ampliamos el concepto de depuración a otras funciones de la piel para explicar muchas clases de dermatitis y erupciones, de acuerdo con la ley de Hering (*).

 

La transpiración es un buen depurador; de hecho la composición del sudor es parecida a la de la orina. Aparte de las funciones de regulación corporal, la función sudorífica puede ser considerada como un mecanismo suplementario de eliminación de residuos metabólicos. Esta función sudorípara no está muy desarrollada en la infancia, por lo que en esta etapa se compensa con la función psórica.

 

Para tratar de explicar lo que es la psora expondremos lo que dice el doctor Gilbert Jausas de Annecy: “La psora designa el conjunto de fenómenos que se desarrollan en un individuo cuando las sustancias tóxicas endógenas no son eliminadas correctamente. La psora no solo corresponde a lo que ha sido reintroducido en el organismo, sino también a lo que no ha podido salir de él. Es una intoxicación producida por las toxinas fabricadas por el propio individuo o retenidas por él, toxinas personales autógenas”. Dentro de la función psórica, se pueden englobar la mayoría de las afecciones cutáneas de la infancia.

 

 

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Constantino Hering (1800-1850) describe una dirección de síntomas y un sentido evolutivo de la enfermedad enunciando que la correcta curación debe seguir esa dirección: “La mejora y la curación se producen de dentro hacia afuera. Los síntomas desaparecen desde arriba hacia abajo. Las molestias van desde un órgano importante a otro menos importante. Los síntomas desaparecen en el orden inverso a su aparición”.

 

 

 

EL ENVEJECIMIENTO DE LA PIEL

El proceso de envejecimiento de la piel es bastante complejo e implica una serie de cambios generalmente irreversibles, pero que se pueden detener o ralentizar en cierto modo. Estos cambios se pueden resumir en:

 

Adelgazamiento de la piel. Se debe a la disminución de la vida media de las células cutáneas (los queratinocitos, células que producen queratina, una proteína fibrosa que da resistencia a la piel). Esta disminución se puede cifrar en más del cincuenta por ciento.

 

Deshidratación progresiva. El contenido de agua en la parte córnea de la piel es del 13% en las personas jóvenes, y tan solo del 7% en los adultos mayores.

 

Reducción de la secreción de grasas y sudor. Se reduce la capa hidrolipídica que protege la piel.

 

Alteraciones en la síntesis de pigmentos. Provoca la aparición de manchas y despigmentaciones.

 

Disminución del colágeno en la dermis. Produce la pérdida de elasticidad y el aumento de las arrugas.

 

Reducción de la microcirculación periférica. Se aprecia un menor aporte de oxígeno y una acumulación de sustancias tóxicas.

 

Lesiones por agentes agresivos externos (estrés, tabaco, radiación ultravioleta, etc.)

 

Formación de radicales libres. Se deben tanto a la contaminación externa como a una nutrición poco adecuada.

 

 

LA PIEL UN ÓRGANO SILÍCEO

El silicio, elemento terrestre por excelencia, es un factor importante en la correcta conservación de la piel. El doctor Bernard Jensen de California, informa de la presencia de depósitos de silicio en la estructura de la piel y ha observado la presencia de alteraciones cutáneas en pacientes que llevaban una dieta pobre en silicio.

 

El silicio se encuentra en los recubrimientos de muchas especies vegetales como el salvado (especialmente de arroz, avena y cebada)

y las cascarillas de los frutos secos. Por una ley de analogía se deduce la presencia de silicio en los órganos destinados a cubierta, como la piel. Esto se ha comprobado posteriormente por experiencias clínicas.

 

Los alimentos que contienen silicio por excelencia son los salvados de cereal (cebada, avena), toda clase de cubiertas de alimentos vegetales, los dátiles, higos secos, zanahoria, cebolla, germen de trigo, legumbres, betarraga y verduras en general.

 

Como podemos ver, la alimentación a base de harinas refinadas, sin el germen y el salvado del cereal, ocasiona un déficit de silicio.

 

 

LA PIEL Y LA RELACIÓN CON LA MENTE

Aunque parezcan dos órganos fisiológicamente muy alejados, la piel guarda una estrecha relación con el estado mental de la persona. En el embrión humano (al igual que en la mayoría de los animales) existen tres capas embriológicas diferenciadas (estirpes celulares) que darán lugar a todos los tejidos del futuro ser; estas tres capas son el endodermo (la interna), el mesodermo (la intermedia) y el exodermo (la externa). A partir del ectodermo se forman las células del sistema nervioso y las de la piel. Pues bien, desde un punto de vista embriológico parece más o menos clara esta relación entre la piel y la mente; pero la sabiduría popular también la recoge. Frases como “tener la sensibilidad a flor de piel” hablan de esta relación. ¿Quién no ha tenido una sudación ante una crisis de miedo o unos picores horribles en momentos de angustia? Estos son ejemplos muy simples de la estrecha relación que las glándulas sudoríparas tienen con el sistema neurovegetativo.

 

Muchas afecciones complicadas como la psoriasis, la dermatitis y muchas enfermedades del tejido conectivo que cursan en forma de brotes suelen tener como factor desencadenante un desequilibrio emocional u otros problemas de tipo nervioso.

 

Pero no hay que obsesionarse demasiado con las afecciones de la piel; conviene tener en cuenta que a veces es necesario tener una erupción o eliminación a través de la piel para mantener la salud.

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