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Investigadores estadounidenses han realizado escáneres cerebrales a niños en edad preescolar mientras se les contaban historias. En aquellos pequeños a los que se les lee mucho en casa descubrieron una mayor actividad neuronal en determinadas áreas cerebrales. Relacionadas con el procesamiento semántico y la formación de imágenes mentales, estas áreas resultan imprescindibles para el óptimo desarrollo lingüístico y, en consecuencia, un buen rendimiento académico en edades posteriores.

 

 

Un estudio de 2011 realizado en la Universidad de Nueva York demostró que las experiencias de aprendizaje en el hogar, entre ellas la lectura de padres y madres a hijos pequeños, contribuyen a mejorar el desarrollo lingüístico de los niños.

 

En 2015, una investigación realizada por John Hutton, investigador del Reading and Literacy Discovery Center y del Cincinnati Children's Hospital Medical Center de Estados unidos, demostró este efecto positivo a nivel cerebral. Del estudio participaron 19 niños sanos de entre tres y cinco años, procedentes de familias de bajos ingresos.

 

En primer lugar, los cuidadores de los pequeños completaron un cuestionario diseñado para medir la estimulación cognitiva en el hogar. Se analizaban tres áreas: lectura de padres a hijos (acceso a libros, frecuencia de lectura y variedad de textos leídos); interacción entre padres e hijos (incluyendo hablar y jugar); y si los padres enseñaban o no a sus hijos habilidades específicas como contar o definir formas.

 

Por otra parte, los niños del estudio fueron sometidos a escáneres de imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI), que sirvieron para medir su actividad cerebral mientras escuchaban a través de auriculares historias aptas para su edad. Los niños permanecieron despiertos durante los escáneres y no recibieron ningún estímulo visual.

 

Los investigadores estaban interesados en determinar si habría diferencias en la activación cerebral vinculada a la comprensión de las historias, en áreas que se sabe están involucradas con el lenguaje.

 

Resultados obtenidos

Los resultados demostraron que una exposición mayor a la lectura en el hogar está fuertemente asociada con la activación de aquellas áreas cerebrales que impulsan el procesamiento semántico (significación en el lenguaje). Estas áreas resultan críticas para el procesamiento de la palabra oral y la comprensión lectora. Las áreas del cerebro que propician la imaginación y la formación de imágenes mentales mostraron una activación particularmente fuerte, lo que sugiere que la visualización juega un papel clave en la comprensión de las historias y la preparación para la lectura. "Esto se vuelve cada vez más importante, ya que los niños pasan de libros con dibujos a libros sin ilustraciones, en los que deben imaginar lo que está pasando en el texto", explica Hutton en un comunicado de la Academia Americana de Pediatras.

 

Las asociaciones entre la exposición a la lectura y la actividad cerebral de los pequeños se mantuvo constante, tras considerar los ingresos de los hogares. Aunque diversas investigaciones han sugerido que los niños que viven en núcleos familiares sin recursos económicos están peor preparados para comenzar el colegio, el estudio demuestra que la lectura durante los primeros años de vida puede mitigar esta circunstancia.

 

Leer… y también hablar

Este punto también lo constató el estudio antes mencionado realizado en 2011. En él fueron examinados los ambientes de aprendizaje de más de 1850 niños y sus madres, en su mayoría en hogares con bajos ingresos o por debajo del umbral de la pobreza.

 

La investigación concluyó que, además de la lectura, es fundamental que los padres hablen mucho con sus hijos en edades tempranas para que logren un óptimo desarrollo lingüístico y, en consecuencia, mejores resultados académicos posteriores.

 

"El grado en que los padres leen y hablan con sus hijos, al mismo tiempo que les proporcionan libros de lectura infantil y juguetes cuando tienen poco más de un año, puede tener efectos duraderos sobre las competencias lingüísticas del niño años más tarde”, señaló entonces Eileen T. Rodríguez, la autora de aquella investigación. Finalmente, otros estudios han demostrado que aprender a leer pronto potencia la adquisición de otras habilidades intelectuales. Incluso, que la lectura sirve para impulsar el desarrollo de la empatía en los más pequeños.

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