RADICALES LIBRES: Una amenaza abierta

Cuerpo

 

 

Tal como lo sugiere la palabra, "oxidación", simplemente significa que algún elemento ha hecho reacción con el oxígeno. De forma más específica, quiere decir que las moléculas de oxígeno han perdido un electrón debido a su interacción con otras moléculas. Entonces las de oxígeno se convierten en lo que los científicos llaman “radicales libres”, unas moléculas heridas e inestables de oxígeno. Son tan peligrosas como su nombre lo indica. En el esfuerzo por "curarse", los radicales libres roban electrones de cualquier molécula sana que se les cruce en el camino. Al hacerlo crean más radicales libres.

 

¿Qué tiene todo esto que ver con nuestra salud? Cada vez que el oxígeno se mezcla con otras moléculas, se forman radicales libres. Si se parte un plátano, por ejemplo, los daños causados por los radicales libres hacen que la fruta expuesta al oxígeno se ponga de color café. Basta con inhalar para exponer el cuerpo humano a este proceso. De hecho cada vez que respiramos se producen radicales libres, los cuales dañan nuestras células sanas al tratar de estabilizarse.

 

Los daños causados por los radicales libres son pasmosos. Las investigaciones científicas han acumulado cada vez más pruebas de que estos perjuicios contribuyen a muchas enfermedades graves desde la arteriosclerosis, a males degenerativos como la degeneración macular, ciertos tipos de cáncer y el envejecimiento mismo.

 

LA NATURALEZA DE LO NOCIVO

Es un error imaginarse los radicales libres como unos invasores del exterior, como lo sería un virus o las bacterias. La mayoría de los radicales libres se fabrican dentro del cuerpo mismo. La gente muchas veces no se da cuenta de que los radicales libres ocurren en forma natural, el cuerpo los produce al generar energía.

 

Normalmente cada célula del cuerpo convierte el oxígeno que se respira en agua. No obstante, más o menos el 1 por ciento del oxígeno se escapa de esta cadena de montaje. Este 1 por ciento es el que se transforma en radicales libres. Los glóbulos blancos también generan radicales libres a propósito, para matar las bacterias y los microorganismos que invaden el cuerpo. Desafortunadamente, estos radicales libres no tienen muy buen tino, y terminan no sólo matando las bacterias extrañas sino también haciéndoles daño a tejidos sanos.

 

EL ESFUERZO PARA ESTABLECER EL EQUILIBRIO

Si cada vez que inhalamos radicales libres estos se entregan a una batalla campal, ¿qué impide que nos deterioremos al poco tiempo de haber inhalado por primera vez? Tal como corresponde a las leyes de la Naturaleza, para cada impulso que ocurre, se produce un impulso contrario. Y por cada radical libre que nuestros cuerpos producen, existe un antioxidante que lo controla.

 

Todos hemos oído hablar de antioxidantes como las vitaminas C y E y el betacaroteno. Los antioxidantes literalmente se interponen entre los radicales libres y las moléculas sanas del cuerpo. Al sacrificar sus propios electrones, estabilizan a los radicales libres y evitan que hagan más daño.

 

La Naturaleza anticipó el peligro de los radicales libres y se preparó para enfrentarlos. Según lo hemos visto, ciertos alimentos están llenos de vitaminas antioxidantes. Además, de la misma forma en que el cuerpo fabrica radicales libres también produce antioxidantes para bloquear sus efectos.

 

Contamos con toda una orquesta de mecanismos de defensa para eliminar la toxicidad de los radicales libres. Conforme los radicales

libres se producen, nuestros cuerpos les quitan la toxicidad, ya sea mediante enzimas antioxidantes o vitaminas.

 

Además de los radicales libres generados dentro de nuestros cuerpos, vivimos en un medio ambiente que también crea un sinnúmero de ellos. La exposición a factores como la contaminación, la luz ultravioleta, la radiación y los gases de escape de los carros, incrementan la producción de radicales libres enormemente.

 

Fumar cigarrillos, por ejemplo, es una importante fuente externa de radicales libres. Cuando se produce tal exceso de radicales libres, a los antioxidantes les cuesta mayor esfuerzo defendernos. De hecho, se requieren 20 miligramos de vitamina C, la tercera parte de la cantidad diaria recomendada, para neutralizar el efecto de un solo cigarrillo.

 

LOS DAÑOS QUE PROVOCAN

Una vez que los radicales libres han proliferado, el daño que causen depende principalmente del sitio donde decidan lanzar su ataque. El mejor ejemplo del daño que los radicales pueden causar es la arteriosclerosis, o sea, el endurecimiento de las arterias. Está bien documentado que los radicales libres contribuyen a esta enfermedad de manera muy importante.

 

Las enfermedades cardiovasculares con frecuencia ocurren cuando el colesterol lipoproteínico de baja densidad o colesterol "malo" (o LDL por sus siglas en inglés) empieza a formar una especie de grumos en el torrente sanguíneo y se adhiere a las paredes de las arterias, lo cual produce endurecimiento y obstrucciones. Los científicos han descubierto que el colesterol LDL empieza a pegarse a las paredes de las arterias debido a los daños causados por los radicales libres.

 

En otros casos es posible que los radicales libres se lancen contra el ADN. Cuando lesionan estas hebras críticas de información genética, las células pueden sufrir cambios que les hacen reproducirse sin control alguno; es decir, volverse cancerosas.

 

Los radicales libres también afectan a los ojos. En un estudio que sin duda pondrá a todos a buscar sus lentes de sol, un grupo de investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard, comprobaron un fuerte vínculo entre la degeneración macular -la principal causa de pérdida irreversible de la vista en personas mayores de 50 años- y los daños por radicales libres. Por hermosa que sea, la luz del Sol contiene una tremenda cantidad de la peligrosa luz ultravioleta (UV), uno de los más destacados productores de radicales libres.

 

No sólo los ojos sufren bajo los poderosos rayos del Sol, sino también la piel. Se cree que las arrugas, el engrosamiento de la piel y otros indicios del envejecimiento prematuro de la piel, también se deben a los daños causados por los radicales libres generados por los rayos UV.

 

A pesar de que las investigaciones aún son muy especulativas, se vislumbra la posibilidad de que los radicales libres también representen uno de los factores clave para entender misteriosos trastornos neurológicos como las enfermedades de Alzheimer y de Parkinson. Algunos científicos creen que los radicales libres tal vez abran agujeros en la barrera que normalmente protege al cerebro contra invasores externos, como los virus y las bacterias. Al responder a estas lesiones, el sistema inmunitario produce más radicales libres, los cuales posiblemente causen los daños, que en opinión de los investigadores, conducen a las enfermedades neurológicas.

 

En muchos casos los radicales libres no participan en el inicio de la enfermedad, pero los que resultan de la enfermedad misma, mantienen andando el proceso dañino. Tal es el caso de la artritis reumatoide. La inflamación en el interior de las articulaciones crea radicales libres, los cuales al parecer hacen más daño que la enfermedad misma. Lo mismo puede decirse de muchas enfermedades digestivas. Los radicales libres tal vez no causen enfermedades inflamatorias del aparato digestivo como la de Crohn, por ejemplo, pero definitivamente multiplican los daños.

 

REACCIONES RADICALES

Si la respiración y la exposición al sol son propuestas tan arriesgadas, ¿cómo se puede estar seguro de que el cuerpo cuenta con suficientes reservas antioxidantes para rechazar los ataques de los radicales libres? Aparte de evitar las cosas que uno sabe que generan cantidades excesivas de radicales libres, como el humo del cigarrillo, una de las mejores cosas que se pueden hacer por uno mismo, es tener una alimentación basada en plantas, rica en frutas y verduras.

 

Las frutas y las verduras contienen en abundancia antioxidantes natu-rales, particularmente de las vitaminas C y E y el betacaroteno, así como docenas de otros compuestos dedicados a combatir los radicales libres. Cuando se revisan los estudios poblacionales a largo plazo, al parecer las personas que siguen una alimentación vegetariana obtienen protección contra enfermedades, que según se cree, están ligadas a los daños por radicales libres. Llevan vidas más largas y sanas.

 

Para maximizar la protección antioxidante contra los radicales libres, se sugiere incrementar el consumo de vitamina C entre 200 y 400 miligramos, así como las dosis diarias de vitamina E a entre 100 y 400 unidades internacionales.

 

De acuerdo con el Estudio de Antioxidantes Cardíacos de Cambridge, en el que se examinó a 2,000 personas con arteriosclerosis, los investigadores observaron que el riesgo de sufrir un infarto se redujo más o menos en un 75 por ciento, en el caso de las personas que consumieron entre 400 y 800 unidades internacionales de vitamina E diariamente durante un año.

 

Las investigaciones también han demostrado que el riesgo de padecer degeneración macular disminuye en un 43 por ciento en las personas con el mayor consumo de carotenoides -unos compuestos de las plantas que son poderosos antioxidantes-, en comparación con aquellas que consumen la menor cantidad de este nutriente.

 

Algunas de las mejores fuentes alimenticias de compuestos antioxidantes son los cítricos, el brócoli, los pimientos (ajíes, pimientos morrones) verdes y rojos y las verduras de hoja verde oscura, todos ricos en vitamina C; la zanahoria, la batata dulce (camote) y la espinaca, ricas en betacaroteno; y el germen de trigo y los aceites vegetales, abundantes en vitamina E.

 

Tampoco se puede perder de vista la verdadera dimensión de las cosas. Aunque resulte que los radicales libres desempeñan un im-portante papel en las enfermedades, no dejan de ser un solo factor entre muchos otros. No hay que dejarse llevar por el pánico. Más bien se debe llevar una vida sana, comer con prudencia y hacer ejercicio.

 

El ejercicio: ¿será un error?

Se inhala, se exhala, y ya se generaron cientos de radicales libres. Se inhala, se exhala, y se empieza a jadear. Después de correr un par kilómetros, se han producido miles de radicales libres. Entonces, la pregunta es: ¿realmente nos hace bien el ejercicio?

 

Actualmente se ha manifestado cierta preocupación de que el ejercicio, que debe mejorar nuestra salud, tal vez eleve la producción de radicales libres a dimensiones potencialmente peligrosas. Si los radicales libres son un producto secundario de la generación de energía, según razonan los científicos, el ejercicio debe dar por resultado una sobrecarga de radicales libres.

 

Puesto que acelera el metabolismo, el ejercicio efectivamente crea una mayor cantidad de radicales libres, pero hay que recordar que los radicales libres sólo hacen daño si no se les equilibra con antioxidantes que los neutralicen. Las personas que hacen ejercicio también suelen tener un estilo de vida más saludable, por lo que cuentan con reservas mayores de antioxidantes. Además, los beneficios que se obtienen del ejercicio son enormes, y están muy bien comprobados. La gente no debe dejar de hacer ejercicio porque se preocupe por los radicales libres.

 

 

 

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