DIARIO DE UN PERRO

ECO

 

Durante mucho tiempo, el perro y el ser humano han estado conviviendo juntos, incluso, los libros de historia hablan de aquella relación que los inmortalizó en un solo equipo. Pero, ¿qué sucede cuando el ser humano olvida a su mejor amigo?

 

Alguna vez te has puesto a pensar: ¿Si yo fuera una mascota, qué trato me gustaría recibir? Quizás sea difícil para muchos ponernos en ese lugar, pues nos creemos los seres más evolucionados y como tales los reyes del control. Pero, con un poco de imaginación, y el corazón en la mano, te darás cuenta que algunos malos tratos que damos a nuestros hermanos menores, las mascotas, son realmente inhumanos y no nos damos cuenta que estamos dañando a un ser viviente que nos muestra amor, confianza y fidelidad, a pesar de que no siempre somos amables con ellos. Esperamos que esta pequeña historia nos ayude a reflexionar y cambiar de actitud.

 

DIARIO DE UN PERRO

Semana 1: Hoy cumplí una semana de nacido, ¡Qué alegría haber llegado a este mundo!

 

Mes 02: Hoy me separaron de mamá. Estaba muy inquieta y con sus ojos me dijo adiós esperando que mi nueva `familia humana' me cuidara tan bien como ella lo había hecho.

 

Mes 04: He crecido rápido; todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa que para mí son como "hermanitos". Somos muy inquietos, ellos me jalan la cola y yo los muerdo jugando.

 

Mes 05: Hoy me regañaron. Mi ama se molestó porque me hice `pipí' dentro de la casa; pero nunca me habían dicho dónde debo hacerlo. Además duermo en la recámara... ¡y ya no me aguantaba!

 

Mes 12: Hoy cumplí un año. Soy un perro adulto. Mis amos dicen que crecí más de lo que ellos pensaban. Qué orgullosos se deben de sentir de mí.

 

Mes 13: Qué mal me sentí hoy. `Mi hermanito' me quitó la pelota. Yo

nunca agarro sus juguetes, así que se la quité, pero mis mandíbulas se han hecho muy fuertes y lo lastimé sin querer. Después del susto me encadenaron casi sin poderme mover. Dicen que van a tenerme en observación y que soy ingrato. No entiendo nada de lo que pasa.

 

Mes 15: Ya nada es igual, vivo en la azotea. Me siento muy solo, mi familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed. Cuando llueve no tengo techo que me cobije.

 

Mes 16: Hoy me bajaron de la azotea. De seguro mi familia me perdonó y me puse tan contento que daba saltos de gusto. Mi rabo parecía un remolino, encima de eso, nos vamos a ir de paseo. Nos enfilamos hacia la carretera y de repente se pararon. Abrieron la puerta y yo me bajé feliz creyendo que haríamos nuestro "día de campo". No comprendo por qué cerraron la puerta y se fueron. ¡Oigan, esperen! ¡Se olvidan de mí! Corrí detrás del auto con todas mis fuerzas. Mi angustia crecía al darme cuenta que casi me desvanecía y ellos no se detenían, me habían olvidado.

 

Mes 17: He tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa, estoy perdido. En mi sendero hay gente de buen corazón que me ve con tristeza y me da algo de comer. Yo les agradezco con mi mirada y desde el fondo con mi alma. Quisiera que me adoptaran y sería leal como ninguno. Pero solo dicen: "pobre perrito, se ha de haber perdido".

 

Mes 18: El otro día pasé por una escuela y vi a muchos niños. Me acerqué, y un grupo de ellos, riéndose, me lanzó una lluvia de piedras para "saber quién tenía mejor puntería". Una de esas piedras me lastimó el ojo y desde entonces ya no veo con él.

 

Mes 20: Hoy, al tratar de cruzar un auto me arrolló. Casi no puedo moverme. Según yo, estaba en un lugar seguro, pero nunca olvidaré la mirada de satisfacción del conductor, que hasta se ladeó con tal de centrarme. Ojalá me hubiera matado, pero solo me dislocó la cadera. El dolor es terrible, mis patas traseras no me responden y con dificultades me arrastré hacia un poco de hierba al lado del camino.

 

Mes 21: Tengo 10 días bajo el sol, la lluvia, el frío y sin comer. Ya no me puedo mover, el dolor es insoportable, me siento muy mal, quedé en un lugar húmedo y parece que hasta mi pelo se está cayendo. Alguna gente pasa y ni me ve; otras dicen: “No te acerques”.

 

Ya casi estoy inconsciente; pero alguna fuerza extraña me hizo abrir los ojos. La dulzura de su voz me hizo reaccionar. Una linda viejecita me acarició, me llevó a su casa, me dio leche tibia y me bañó. Me cubrió con una manta y me acarició.

 

Mes 22: Hoy vinieron en la madrugada niños y familiares a la casa y me tratan con respeto y cariño porque para ellos represento compañía para ese dulce ser que ellos tanto aman: La abuelita.

 

“La solución no es echar un perro a la calle, sino educarlo. No conviertas en problema una grata compañía. Ayuda a abrir conciencia y así poder acabar con el problema de los perros callejeros”.

 

Sociedad humana

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