PIENSA VERDE

ECO

 

 

 

 

La calidad de vida en las grandes ciudades mejoraría ostensiblemente si tuviéramos la voluntad de controlar la emisión de ruidos.

 

La emisión sonora es uno de los problemas más graves en las ciudades, ya que se superan los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según este organismo, el umbral del silencio llega hasta los 15 decibeles (decibelios es la unidad de medida del sonido), y un máximo aceptable como límite de tolerancia es de 50 decibeles.

 

A partir de aquí todo son problemas: el oído pierde sensibilidad (que no se recupera, pues las células sensoriales llegan a destruirse), perdemos audición, reflejos, aparecen alteraciones en el sueño y se genera toda una serie de disfunciones que pueden llevar a padecer hipertensión, cefaleas o lesiones en el aparato digestivo.

 

Si nos detenemos a analizar que una avenida transitada genera 90 decibeles y el claxon normal de un auto emite 150, y añadimos a ello los niveles infinitamente superiores aportados por ráfagas de sirenas, alarmas, motocicletas y taladros de obra, llegaremos a la conclusión de que los ciudadanos de las grandes ciudades caminamos lentamente hacia la sordera, si antes no perdemos la cordura.

 

Para la OMS, el ruido se está convirtiendo en uno de los contaminantes más graves en las grandes ciudades, ya que ataca directamente al sistema nervioso, provocando graves alteraciones en el organismo y aportando un elevado nivel de estrés a la actividad diaria.

 

 

Lo que podemos hacer

La solución no radica tan solo en evitar el ruido en nuestro hogar. Para no padecerlo debemos modificar algunos hábitos adquiridos que lo generan. Se trata de ser mucho más solidarios, entendiendo que el ruido es una forma más de agresión: al tocar el claxon o subir el volumen de la televisión, estamos atacando a quienes nos rodean.

 

La vida en vecindad exige el respeto al descanso de los demás, que no tiene por qué coincidir con el nuestro, y en las grandes ciudades esa exigencia se hace fundamental para hacer posible la convivencia.

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