CÓMO DISTINGUIR SI SENTIMOS HAMBRE O ANSIEDAD

Mente
Katherine Ponce
Health Coach

Conferencista

Fundadora de Liviandad – Health Coaching

 

 

En estos tiempos en los que muchas personas nos hemos visto obligadas a quedarnos en casa para cuidar nuestra salud, la pregunta ¿cómo puedo calmar mi ansiedad por comer? se ha repetido en muchos de nosotros.

 

Antes de compartir con ustedes alguna información sobre la ansiedad y cómo podemos distinguirla del hambre; me gustaría contarles cómo viví con la ansiedad cuando era pequeña.

 

En los noventa, mi familia vivía cerca de una instalación militar importante. Nuestro país recibía constantes amenazas de bombas, apagones y otros atentados. Mi hermana y yo teníamos entre 3 y 6 años. Mis padres, al intentar protegernos, no salían mucho de la casa con nosotras. El aburrimiento inundaba nuestras tardes y el miedo se sentía con bastante frecuencia. Para ese entonces no había celulares y era imposible no percibir el miedo de mi mamá cuando mi papá demoraba un poco más en llegar a casa. Recuerdo que hubo un apagón el día de mi cumpleaños número 7 y que huí de la terraza de la casa porque sentimos el olor del gas lacrimógeno una tarde de verano.

 

Mi hermana y yo, vivíamos con miedo y ansiedad al futuro, al qué podía pasar, no nos sentíamos protegidas en lo absoluto. Eso es tener ausencia de placer en la vida, y la forma de obtenerlo era, en ese entonces, a través de los dulces. Hasta hoy recuerdo el sabor de las galletitas rellenas de pasta de fresa o menta y cómo me las devoraba y también lo mucho que esperaba para que llegue el día siguiente para poder comer otro paquete más. Claro no solo eran galletas, la frase “Tengo hambre” era común en mi casa. Luego de la galleta, seguía un biscocho, caramelos y cuanto dulce podíamos encontrar.

 

Esos cuerpitos llenos de miedo no hacían otra cosa que acumular grasa para protegerse, no estábamos en contacto con nosotras, estábamos pensando en el mañana y en estar bien para “después”. Bajo este contexto, se puede entender ¿por qué era necesaria la acumulación de grasa?, pues había que “guardar para protegerse para un mañana incierto”.

 

Hoy sé que la frase “Tengo hambre” no siempre es “hambre” de comida, muchas veces es hambre de amor, de protección y de calma.

 

¿Les parece conocido este relato? a mí, personalmente, me tocó revivir mi infancia en estos días de cuarentena, pero esta vez con herramientas que me han permitido estar más presente, a disfrutar y aceptar el hoy.

 

La ansiedad es un miedo anticipado a padecer un daño a futuro. Si tengo carencias, si no recibo lo que necesito, puedo vivir temiendo que me vayan a quitar lo poco que tengo, y que pueda perderlo todo.

 

La ansiedad es sentir que se vive en peligro mientras no se vive el presente y pienso en el mañana con miedo a vivirlo.

 

A diferencia del hambre que se siente en el estómago como una especie de dolor, la ansiedad se siente más cerca a la boca o a la garganta. Cuando tenemos hambre podemos comer casi cualquier cosa, en cambio cuando es ansiedad, casi siempre se acompaña de algún “antojo”. El hambre es progresiva, va creciendo en el tiempo, la ansiedad aparece repentinamente.

 

Una forma de lidiar con la ansiedad es a través de la respiración. Hacer una pausa para respirar antes de correr a buscar algo para comer e identificar si realmente es “hambre” ayuda muchísimo a disminuir la ansiedad.

 

Pero lo más importante es estar en el presente, porque de lo contrario estarás desconectado de tu cuerpo y por más que lo llenes de comida no tendrás la sensación de saciedad. Una forma de cultivar la presencia es preguntarte siempre ¿Realmente tengo hambre?, pero sobre todo pregúntate ¿Qué se me antoja hoy? y trata de cubrir tus antojos con cosas que nutran tu cuerpo y también tus ganas de recibir placer. Puedes preguntarte ¿De qué tengo ganas hoy? y no siempre tiene que ser de comida, también pueden ser ganas de una ducha caliente, de pintar, de buscar una clase de yoga o pilates por internet, o de terminar un proyecto que te entusiasma. La lista es tan grande como tus deseos. Si vivimos el presente escuchándonos y le damos a nuestro cuerpo aquello que lo calma y le da bienestar, nuestros antojos estarán cubiertos y la ansiedad se irá diluyendo con el entusiasmo de vivir cada día.

 

Yo aproveché en terminar este artículo durante la cuarentena y el placer de compartir esto con ustedes, definitivamente apagó mi ansiedad.

 

Que tengan un lindo día hoy.

 

Katherine Ponce

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