ECONOMÍA DE LA SALUD CORONAVIRUS: “UN MAL NECESARIO”

Mente

 

Abelardo Sierra Contreras

Economista colegiado

Mg. en Banca y Finanzas UNMSM

Consultor y asesor de empresas y negocios

Docente Universitario e investigador

PERÚ

 

En el siglo XIV, la peste negra quizás mató hasta el 60 por ciento de la población europea sin que en ese momento se conociera nada de sus causas. Hoy tenemos mucho conocimiento en biología, en virología, en pruebas diagnósticas, en creación de vacunas, en epidemiología, en ecología, y muchos otros saberes de orden psicológico, sociológico y político, pero poco conocimiento sistémico, histórico y político integrado. Al mismo tiempo, la civilización actual ha creado una enorme variedad de factores destructivos que hay que entender y modificar. Vivimos en un “mundo lleno" (en extralimitación ecológica), con casi 8.000 millones de seres humanos, con mucha población y en un movimiento dinámico. Pensemos que en la peste del siglo XIV la pandemia se movió de China a Inglaterra en quizás una década, pero ahora la “pandemia” turística hace que mucha población se mueva de un lado a otro del planeta en cuestión de unas pocas horas. Los humanos somos animales sociales que necesitamos estar en contacto entre nosotros para cooperar, trabajar, relacionarnos, divertirnos o cuidar de los demás. De hecho, muchas personas comentan que una de las cosas más tristes de esta pandemia es que ya no nos podemos tocar ni abrazar, ni podemos despedirnos de los enfermos a punto de morir.

 

Si la actual pandemia tuviera un nivel de letalidad equivalente a la mal llamada “gripe española” de 1918, en España morirían cerca de 500.000 personas y quizás entre 200 y 400 millones en todo el mundo. Además, recordemos algo de lo que no se habla o que olvidamos, ya que esta pandemia refleja también nuestra ignorancia y capacidad de amnesia, y que es la gripe habitual de cada año mata entre 250.000 y medio millón de personas en el mundo, y hace apenas una década, en 2009, la pandemia de la gripe A H1N1 infectó a más de 1.000 millones de personas en el mundo, matando a más de medio millón de personas (en España hubo miles de casos y unos cientos de muertes). La diferencia es que ahora la pandemia nos está afectando más directamente a nosotros, habitantes de un país rico, y ha paralizado la economía global.

 

El 1 de diciembre de 2019, se inicia la Pandemia denominada con el nombre del Coronavirus (Covid-19), en Wuhan, Hubei de China. Y el primer caso de enfermedad por coronavirus en Perú fue confirmado el 6 de marzo de 2020, cuando un hombre de 25 años que había viajado a Europa dio positivo.

 

¿Qué interrogantes podemos plantearnos?

Esta pandemia que vive el Perú y el mundo nos tiene consternados, conmocionados, afligidos, sumidos en mucho dolor y sufrimiento, en un verdadero drama diario para las personas, familias, gobiernos y Estados de todos los países del mundo, por varias razones; entre ellas por la salud, la economía y la vida de la humanidad que penden de la amenaza de éste microorganismo (Covid-19). Y otra de las razones, es porque no se conoce el verdadero origen de este virus, lo que nos lleva a plantear una primera gran interrogante ¿Es acaso un fenómeno natural o es un fenómeno artificial? De ser natural, diremos que es producto de la evolución de la propia naturaleza; pero si es artificial, es producto del propio hombre. En consecuencia, podemos seguir formulando otras preguntas, relacionadas a ello: ¿Es acaso producto de los desequilibrios ecológicos? ¿Es acaso producto de la depredación de los recursos naturales por la industrialización y el consumismo? ¿Es acaso producto de la evolución natural de la tierra? ¿Es acaso producto artificial por la mano del hombre? ¿Es acaso manifestación de un bio-terrorismo? ¿Es acaso un tema teológico- religioso?

 

De todas las interrogantes que pudieran darse, se desprende otra gran interrogante:

 

¿Es acaso, la pandemia, un “mal necesario”?

El mal necesario, desde un punto de vista psicológico, se remite a un daño que resulta inevitable y que a pesar de no ser agradable produce beneficios terapéuticos de acuerdo al fin que persigue. Es decir, el mal necesario tiene un carácter de medio, en relación con un fin distinto.

 

Existen muchos ejemplos de mal necesario; por ejemplo, cuando una persona o una familia renuncian a un estado de confort, para buscar mejorar en un aspecto económico, lo cual le brindará un mejor futuro a la persona o familia. De otro modo, en el camino de la superación personal, las personas también tienen que tomar conciencia de sus limitaciones para poder reforzar sus fortalezas. Del mismo modo, los fracasos son un mal necesario en el camino hacia el éxito ya que todo aquel que ha triunfado, ha conocido el sabor de la derrota en algún momento (derrotas que aportan enseñanzas muy valiosas). Otro, cuando una persona está inmersa en una relación de pareja que no le conviene, necesita darse cuenta por sí misma, que esa relación no tiene futuro para tomar una decisión al respecto y seguir con su vida de forma independiente.

 

De otro sentido, el proceso de duelo por la pérdida de un ser querido es un mal necesario (se trata de una etapa dolorosa) para poder sanar las heridas y recomponer el universo emocional interno. Desde el punto de vista de los sentimientos, existen algunos de ellos como la frustración, que son muy necesarios, pese a que no resulten nada agradables de experimentar. Las decepciones son un mal necesario en el camino hacia la felicidad. El concepto de mal necesario, también nos muestra en muchos casos, que el mal también puede resultar pedagógico. Así, el castigo no resulta agradable para el niño en un primer momento, sin embargo, resulta beneficioso a largo plazo y es necesario en la educación por los valores que aporta.

 

Probablemente deberíamos definir en primer lugar la palabra maldad. Dos diferentes usos de la palabra se encuentran en las escrituras: desastres naturales y un comportamiento moralmente deficiente (malo). En Isaías 45:7, hay una referencia a Dios creando el mal: "que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto". La palabra adversidad en este pasaje significa "desastre" o "catástrofe". El paralelismo contrario de la poesía coloca la maldad en directo contraste con la paz. El sentido es que Dios da los tiempos de paz y los tiempos de adversidad.

 

Rara vez alguien argumentaría que mentir no es un mal moral. Sin embargo, en dos ejemplos en el Antiguo Testamento, el mentir es seguido por un resultado positivo. Las parteras hebreas al parecer reciben la bendición de Dios después de mentirle al Faraón (Éxodo 1:15-21), y sus acciones probablemente salvaron la vida de muchos niños hebreos. La ramera Rahab le mintió al rey de Jericó a fin de proteger a los espías hebreos ocultos en su terrado (Josué 2:5).

 

Friedrich Engels decía: "No nos vanagloriemos demasiado por nuestras victorias sobre la naturaleza. La naturaleza se venga de cada victoria nuestra… no dominamos

la naturaleza… sino que le pertenecemos con carne y sangre y cerebro y vivimos en su seno”. No somos semi-dioses, ni somos invulnerables, sino seres humanos, frágiles, interdependientes y eco-dependientes. Somos seres intrínsecamente dependientes de nuestra propia psicobiología; tenemos necesidades fisiológicas y entorno cultural; somos dependientes de los demás desde antes de nacer hasta el momento de morir; y somos seres dependientes de la naturaleza de la cual formamos parte y sin la cual no podemos sobrevivir. Desde 2008, muchos economistas críticos han señalado que estamos en una situación económica de "respiración asistida", con una estructura financiera inestable y una gran deuda, en una economía que no entró en crisis debido al crecimiento de la economía China, a la inyección masiva de dinero por los bancos centrales y a las mercantilizaciones de servicios realizadas.

 

Habrá un antes y un después de esta crisis sanitaria global, que tendrá muchos efectos en la vida de la humanidad; en lo social, económico, las finanzas, la salud, la educación, la cultura, la religión, lo filosófico, lo espiritual, etc. y esto debería llevarnos a hacer un cambio de rumbo total, pues de lo contrario, la humanidad tendrá poco futuro. Parafraseando a Naomi Klein al hablar de la crisis climática, podemos decir que esta pandemia, si bien es cierto es una más que ha tenido la humanidad, lo cambia todo, y es fundamental que la aprovechemos para hacer un cambio total u holístico radical global. O cambiamos para transformar el mundo o la transformación del mundo nos cambiará a nosotros, situándonos al borde del abismo. Klein señaló que el coronavirus puede llegar a ser "el desastre perfecto para el capitalismo del desastre" ya que las élites tratarán de beneficiarse de esta crisis aplicando la doctrina del shock: salvar a las élites mientras la población, ocupada intentando sobrevivir, delega en la autoridad cualquier salida. El relato para justificar la crisis es muy evidente: la causa del shock global, es el virus; él es el “enemigo” a batir en una guerra cuyos desastrosos efectos, inevitablemente, deberemos pagar entre todos y todas. Pero también hay la oportunidad de ampliar y profundizar una ola solidaria y conscientemente politizada y movilizada que fuerce a los gobiernos a un cambio en favor del bien común, la solidaridad y ayuda mutua. No solo se trata de revitalizar servicios sociales golpeados por las políticas neoliberales mercantilistas, sino también de poner en marcha un proceso de cambio radical que permita hacer frente a la crisis eco-social y climática que vivimos y, al mismo tiempo, cambiar nuestras vidas individuales y cotidianas para avanzar hacia un mundo más humano y realmente sostenible creando una economía social de mercado, que gaste mucha menos energía primaria no renovable (petróleo, gas, minería, madera, suelo, etc.) y adapte el metabolismo eco-social a los límites bio-físicos de la Tierra.

 

A manera de conclusiones

Esta pandemia que vivimos y enfrentamos hoy, significa, sobre todo, evitar la destrucción ecológica y la desigualdad social que estamos produciendo aceleradamente bajo el sistema capitalista o neocapitalista, industrial y financiero, dependiente de un mundo consumista y materialista, generados y creados por el propio sistema.

 

Esta pandemia nos puede enseñar muchas lecciones sobre las que creo debemos empezar a reflexionar cuanto antes. A pesar de los grandes avances científicos y tecnológicos en el mundo, seguimos siendo seres humanos vulnerables, frágiles, interdependientes y eco-dependientes. Podríamos decir que el sistema de la naturaleza de la propia Tierra está y estará amenazada siempre por agentes naturales y artificiales, los cuales pueden determinar la vida y convivencia de los seres humanos y la existencia de los demás seres que habitan el planeta Tierra.

 

Creo que, esta pandemia denominada Coronavirus (Covid-19), debe considerarse como un “Mal necesario” que debe marcar un antes y un después y que nos lleva a replantearnos, para un “Cambio real para el bien” de muchas cosas que veíamos como habituales o normales y las valoremos muchísimo más a partir de hoy.

 

 

NOTA EDITORIAL: Si desean contactarse con el economista Abelardo Sierra, pueden hacerlo a través de: Correo: asc_leo@yahoo.es

Celular: 936 344 733 / 999 307 564

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