EL AMOR EN EL MUNDO VIRTUAL

Mente
Kevin Niezen

 

 

En la película titulada Ella, del director norteamericano Spike Jonze, después de atravesar un terrible divorcio el protagonista descubre que está desarrollando sentimientos emocionales hacia la voz de su sistema operativo.

 

El hombre comienza un proceso de reconocimiento con el sistema de inteligencia artificial llamado Samantha. Ambos empiezan a comunicar sus miedos, angustias y anhelos. Lo inusual aquí no es únicamente el hecho de que un hombre del mundo físico pueda enamorarse de una voz. Lo extraño, escalofriante y revelador es por qué lo hace.

 

Samantha es un sistema operativo que evoluciona a medida que comprende las dificultades de las relaciones interpersonales. Pero también es algo nuevo. Es una personalidad incipiente que recién conoce el mundo. Por ello, no cuenta con los traumas, tormentos y sufrimientos de las personas reales. Samantha es una personalidad más idealista, soñadora y positiva que las personas.

 

Esto se debe a que es capaz de sentir genuinamente algo que las personas cada vez son más incapaces de expresar con honestidad: admiración. Samantha admira a las personas por sus capacidades de ver, caminar y estar en el presente como seres vivos.

 

Esta película, excepcionalmente escrita, interpretada y dirigida, llega en una época que anticipa escenarios similares. La ficción de esta historia no es completamente imaginaria, sino más bien presenta la posibilidad existente del hombre que se enamora de una inteligencia virtual.

 

Bien de Salud les presenta en este artículo una de las mayores polémicas que supone el mundo virtual moderno: el amor y las relaciones.

 

 

¿Cómo nos comunicamos en el presente?

En la actualidad es interesante destacar el siguiente escenario: dos personas establecen comunicación por medio de una determinada red social. Utilicemos Facebook en este caso. Más de una vez alguien puede escribir en el chat: ¿Por qué dices eso? / Lo que te quiero decir es que... / No puedo hablar ahora, estoy ocupado.

 

Recojamos dos verbos importantes del párrafo anterior: decir y hablar. ¿Es lo que realmente hacemos? ¿O más bien estamos sentados frente a un ordenador para comunicarnos con alguien a la distancia?

 

La respuesta es clara: no estamos pronunciando palabras. No hay sonidos que transmitan un mensaje. En las nuevas normas de las redes sociales, se ha distorsionado lo que entendemos por hablar.

 

Este es el primer paso de la mudanza definitiva al espacio virtual. Después de todo, no es necesario encontrarse con alguien en persona para hablar.

 

 

¿Quién es quién?

Hay un grupo considerable de la población mundial que establece relaciones interpersonales con personas desconocidas que contactan en un chat social.

 

Esto es síntoma de una grave distorsión de la realidad. Primero están los que hablan en las redes sociales, ahora no solo se conocen personas, sino también se enamoran y comienzan una relación.

 

Salir, hablar y conocer nuevas personas es inútil porque de todos modos se puede hacer desde la comodidad del ordenador.

 

 

La falta de experiencia en el campo

Cuando se trata de conocer personas y establecer relaciones, nosotros como individuos nunca dejamos de aprender. Pero la nueva época virtual provoca dos perjuicios en este hecho fundamental:

 

 

1. La nueva identidad

Por medio de un chat somos capaces de crear máscaras, esconder facetas de nuestra personalidad y comunicar mentiras emocionales. La honestidad puede desaparecer en gran medida.

 

Esto explica además por qué las personas toman una repentina postura cínica de los asuntos más emocionales. Es porque no necesitan mostrar emocionales en todo momento. Pueden llorar o quebrarse en la soledad de su habitación sin que la persona a la que le comunican sus emociones sea capaz de observar su vulnerabilidad.

 

La vulnerabilidad y la honestidad se pierden, porque no son muy necesarias. Y esto también nos convierte en ineptos sociales incapaces de reconocer momentos genuinos en las personas y mostrar interés o afecto.

 

 

2. No hay nadie más

El segundo problema es que, si bien es necesario salir para conocer personas, el alcance y la costumbre con que se practican estos nuevos diálogos es casi unánime. ¿Cómo podemos ser honestos y conocer personas cuando quedan pocos grupos que aún prefieren dejarse conocer?

 

Por fortuna, todavía se considera importante reunirse personalmente para establecer una relación de amistad o amorosa. El problema aparece cuando esto se reduce al espacio virtual.

 

¿Qué sucede cuando enviamos un determinado mensaje que pudo ver pero no ha contestado? Lo común es el comienzo de un episodio ansioso de especulación innecesaria. ¿Qué cosa tan importante estará haciendo que no fue capaz de responder?

 

Las redes sociales nos enaltecen como personajes principales de nuestra vida, lo usual refleja que algo hicimos mal, que dijimos algo inoportuno y provocó la repentina indiferencia.

 

 

¿Qué provoca esto?

Las especulaciones inducen altos niveles de inseguridad que tienden a llevarnos hacia la desconfianza personal en una relación. Lo más probable, sin embargo, es que la persona simplemente se haya olvidado de responder o debió atender algún asunto más urgente.

 

No somos el centro de atención, como pretenden las redes sociales. Cada persona vive su vida y enfrenta sus problemas. La falta de afecto y la necesidad de ser querido es aquello que nos conduce a la ansiedad, la especulación y la falta de confianza sin fundamento.

 

 

La soledad

Proponemos una mirada diferente: superar la soledad. Nuestra soledad es el espacio genuino para ocuparnos de nosotros mismos. Es un derecho y un privilegio que nos pertenece. Por ello, es sustancial no ceder el bienestar de nuestra soledad a nadie. Si podemos apreciar nuestro tiempo a solas y querernos a nosotros mismos, entonces podremos cultivar independencia y autosuficiencia. Estas dos últimas virtudes escasean en la época virtual.

 

En la era moderna el amor tiene un nuevo significado, cínico y banal. En la vida real, amar a alguien es entender sus facetas buenas y malas. Y esto significa que, incluso en sus peores momentos, la persona no es capaz de alejarse de nosotros, sino todo lo contrario.

 

Estamos seguros de que en el futuro habrá quienes sueñen con bailar y besar a una personalidad curiosa y positiva como Samantha. También habrá quienes no sueñen, sino que bailen y besen en realidad a alguien cuya personalidad aprendieron a aceptar, querer y entender en las buenas y en las malas.

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