El silencio interior

Mente
Omraam Mikhaël Aïvanhov
Maestro de la Fraternidad Blanca Universal

FRANCIA

 

 

 

Desgraciadamente, cuando se intenta explicar a los seres humanos que conseguir el silencio interior redundaría en su beneficio, e incluso se les da los métodos para lograrlo, no escuchan, no quieren comprender, y ese ruido que albergan en ellos, se refleja en toda su conducta que es desordenada, cacofónica.

 

Cada día debéis intentar esforzaros en evitar el ruido que se prepara en vuestro interior: discusiones, desórdenes, peleas provocadas por los pensamientos, los deseos y los sentimientos mal dominados.

 

Cerráis los ojos, y todos vuestros problemas, preocupaciones y estados de ánimo afloran a la superficie. En este, digamos, “silencio”, continuáis peleándoos con vuestra esposa, zurrando a vuestros hijos, ajustando cuentas con vuestro vecino que os ha ofendido, y exigiendo aumento de sueldo a vuestro jefe... ¡y a pesar de todo, llamáis a esto silencio! Pues no, esto no es silencio; es un estruendo.

 

Cuántos se equivocan al pensar que el silencio es necesariamente el desierto, el vacío, la ausencia de toda actividad, de toda creación, en una palabra: la nada. En realidad, hay silencios diversos, y por regla general, podemos decir que existen dos clases de silencio: el de la muerte, y el de la vida superior. Es precisamente este último silencio al que nos estamos refiriendo y el que debemos comprender. Este silencio no es una inercia, sino una labor, una actividad intensa que se realiza en el seno de una armonía profunda. No es tampoco un vacío, una ausencia, sino una plenitud comparable a la que experimentan los seres unidos por un gran amor, y que viven algo tan intenso que no pueden expresar ni con gestos ni con palabras.

 

 

 

En el ser humano, el silencio es el resultado de la armonía en los tres planos: físico, astral y mental. Por lo tanto, para introducir el silencio en vosotros, debéis intentar crear la armonía en el cuerpo físico, en los sentimientos y en los pensamientos.

 

Ciertas actividades y ejercicios pueden ayudaros; cada uno de estos ejercicios tiene su propia naturaleza, su color particular; y el canto, por ejemplo, es uno de ellos. Cantar antes y después de comer, produce un estado de armonía, de poesía y de inspiración, que si le añadimos nuestro pensamiento y nuestra conciencia, suaviza las tensiones interiores. Debéis comprender que no solo cantamos por el placer de cantar, o porque al hacerlo nos sentimos felices. No, cantamos porque el canto crea en nosotros un estado de vibraciones intensas favorables a la labor espiritual.

 

Escuchar música como “réquiems”, “misas”, “oratorios”, también puede acercarnos al silencio, porque este tipo de música es la expresión, el reflejo de mundos situados más allá de las pasiones humanas, y nos proyecta con su poder, al menos durante algunos momentos, a este mundo superior.

 

Es inútil aspirar a grandes realizaciones espirituales mientras no consigáis interrumpir el curso ruidoso y desordenado de vuestros pensamientos y sentimientos, puesto que son ellos los que impiden que se establezca en vosotros el verdadero silencio, el que repara, calma, armoniza, renueva. Cuando llegáis a conseguir este silencio, comunicáis imperceptiblemente a todo aquello que hacéis, un ritmo peculiar, una gracia.

 

 

 

 

Otro de los métodos para restablecer el silencio en uno mismo, es el ayuno. Por ello, todas las religiones han exaltado el ayuno, y según los casos, también han fijado los periodos de duración y las modalidades del mismo.

 

Ayunar implica paralizar las funciones de ciertos mecanismos. Y esta paralización produce un gran apaciguamiento en todas las células. Pero antes de que esta paz se instale, debe hacerse toda una limpieza, y esta limpieza suele ir acompañada de mucho ruido pues la circulación se acelera, la sangre late en las sienes, se oyen zumbidos en los oídos, se siente vértigo y dolores en diferentes partes del cuerpo. Todos estos síntomas, provienen de las fieras de nuestro parque zoológico interior, que rugen por la falta de comida. Pero pronto las fieras se calman, y un gran silencio, una gran paz comienza a instalarse en nosotros.

 

El ayuno, claro está, es una disciplina que debe ser practicada razonablemente y con prudencia para no crear perturbaciones de otra índole en el organismo físico e incluso psíquico. En cambio, cantar o escuchar música, es algo que podéis hacer todos los días sin ningún peligro.

 

Dedicad unos minutos, varias veces al día, a introducir el silencio en vosotros. Cerrad los ojos, esforzaros en liberar vuestros pensamientos de las preocupaciones cotidianas y dirigidlos hacia las cumbres, hacia las fuentes de la vida que nutren todo el universo. Cuando sintáis que habéis detenido la multitud de pensamientos y de imágenes que os invaden, pronunciad interiormente la palabra “gracias”. Ved qué palabra tan sencilla, pero que libera todas las tensiones; porque al agradecer, os conciliáis con el Cielo, salís del estrecho círculo de vuestro yo para entrar en la paz de la conciencia cósmica. Permaneced el máximo tiempo posible en este estado de silencio, y cuando volváis en sí, sentiréis que nuevos y preciosos elementos se han introducido en vosotros: la serenidad, la lucidez, la fuerza.

 

Así pues, varias veces al día, habituaros a restablecer el silencio en vosotros. Incluso si solo podéis dedicar uno o dos minutos, hacedlo. Evidentemente, lo importante es conservar este silencio después de haberlo conseguido. De otro modo, ¿de qué sirve tanto esfuerzo si luego dejáis escapar los beneficios? Una vez hayáis logrado introducir el silencio en vosotros por medio de la oración, de la meditación, debéis manteneros vigilantes para no dejarlo escapar. La paz y la armonía que experimentáis durante las meditaciones, deben permanecer durante todo el día, e impregnar todos vuestros actos.

Ya es hora de dejar de actuar como los niños, que obligados a estar quietos durante algunos minutos, solo esperan el momento de poder gritar y gesticular de nuevo. Preservad el silencio.

 

No basta solo con comprender. Hay que aplicar. Para muchas personas hay un abismo entre la comprensión y la aplicación. Comprenden, comprenden, pero cuando se trata de realizar, no pueden. Ahora bien, la comprensión no está separada de la realización. Si no llegáis a realizar lo que creéis haber comprendido, es que no lo habéis comprendido realmente. Si hubierais comprendido, lo realizaríais. Sí, saber es poder. Si no podéis, es que no sabéis: a vuestro conocimiento le faltan aún ciertos elementos para llegar a su realización.

 

La realización del silencio interno es un índice de evolución de los seres. Solo aquel que, gracias a los conocimientos de las verdades Iniciáticas, ha sabido poner orden en sí mismo, realiza el verdadero silencio. Y no solamente este silencio le abre las puertas de la iluminación, sino que es, él mismo, una fuente de bendiciones para toda la humanidad.

 

 

Extraído del libro “La vía del silencio”

Autor: Omraam Mikhaël Aïvanhov

Publicado y editado por Bien de Salud con la autorización de Editorial Prosveta www.prosveta.com

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