EN LA BASE DE LA ECONOMÍA: PREVER

Mente
Omraam Mikhaël Aïvanhov
Maestro de la Fraternidad Blanca Universal

FRANCIA

 

 

Uno puede descuidar su salud, pues hay farmacias, médicos, cirujanos, odontólogos, etc. Se puede desperdiciar papel, desbaratar los aparatos, romper los objetos, manchar y rasgar los vestidos, botar los alimentos…Los almacenes están repletos para reparar o reemplazar todo esto. Se puede tirar un cigarrillo prendido en el bosque y si provocan un incendio los bomberos lo apagarán. ¿Para qué preocuparse?

 

Es así como la atención, la vigilancia, el discernimiento, se debilitan cada vez más y más. ¿Para qué desarrollarlos cuando la sociedad ofrece tantos medios para reparar las tonterías que se comenten? Todos están ahí, los investigadores, los técnicos, para ayudar a los humanos. En realidad, no los ayudan. Sin duda ayudan a los fabricantes que venden sus productos, pero a los humanos los debilitan, los vuelven cada vez más dependientes. Yo no digo que hay que detener el progreso material, el progreso técnico; no, pero es más importante laborar en el dominio interior con el fin de cultivar la atención, la prudencia, la destreza, el control.

 

¡Cuántos daños se deben a la falta de atención, a la falta de conciencia! Y después se habla de economía…Para practicar la verdadera economía es necesario ser consciente, atento, precavido; si no, de cualquier manera uno va derecho a la ruina.

 

De la naturaleza tomamos todo lo que necesitamos para nuestra existencia e incluso, si somos nosotros los que fabricamos los objetos, los productos, estamos obligados de una manera u otra a utilizar para esto los materiales que se encuentran en la naturaleza.

 

Pero la naturaleza no está para satisfacer los caprichos y las debilidades de los humanos; si continúan explotándola sin contar que la polucionan, que la destrozan, serán ellos los que primero se destruirán y una vez desembarazada de los humanos, la naturaleza, retomará el control.

 

La naturaleza tiene recursos y no se deja vencer tan fácilmente. Si el ser humano no hace lo que tiene que hacer para laborar y vivir en armonía con ella, se defiende. Incluso un niño puede comprender esto. Entonces, ¿por qué los grandes especialistas no lo comprenden? Porque lo único que tienen en la cabeza es la explotación y las ganancias.

 

Entonces, ahora, a cada uno, le toca volverse consciente y comprender cómo debe solucionar, en primer lugar, para sí mismo, en su propia existencia, esta cuestión de la economía. No es tan fácil poner orden en la sociedad y algunos individuos, a pesar de su buena voluntad, no pueden cambiar las tendencias perniciosas de la economía mundial, pero si cada vez hay más personas que son capaces de reflexionar acerca de su vida y de sus actividades para ponerlas en armonía con el organismo colectivo, llegará un día en que harán prevalecer su punto de vista.

 

Cuando una sociedad pone en primer lugar sus intereses económicos, incluso si comienza por tener éxito, siempre llega el momento en que encuentra dificultades donde no tuvo la sabiduría de preverlas. Un ejemplo: para un país que fabrica armas nada es más ventajoso, por supuesto, que exportarlas. Y es así que llega a vender todo un material cada vez más mortífero a pueblos que por sus continuas luchas, amenazan con comprometer la paz y la seguridad de todo el planeta. Algunos de estos pueblos apenas saben leer y escribir, pero eso qué importa, se les entrega las armas más perfeccionadas y se les envía expertos para que les enseñen cómo utilizarlas. De un lado, se gana mucho dinero, es cierto, pero de otro lado, se paga muy caro esta ganancia porque después ¡cuántos gastos y cuántas dificultades para poner término a los conflictos que estallan en todos los rincones del mundo! Al final, uno se encuentra ante problemas inextricables porque no se reflexionó, no se previó, solo se consideró las ganancias inmediatas.

 

La economía es la ciencia de la previsión. Sí, ser un buen economista no es contentarse con soluciones que, quizás, son buenas para el momento, pero ¿y después?...Y el día en que uno se da cuenta que está metido en una vía que se vuelve peligrosa, ¡es tan difícil echar marcha atrás!

 

Ustedes dirán: “¿Pero cómo hacer?, la mayoría de nosotros no tiene los medios para intervenir en los asuntos del país”. Yo no digo que ustedes deben intervenir directamente, sino comprender que la economía no es únicamente un asunto para los economistas, también es un asunto de ustedes. En calidad de seres humanos, en calidad de células de un organismo vivo, podemos actuar, pero para esto debemos desarrollar nuestra conciencia y nuestro sentido de responsabilidad. Si esta toma de conciencia no se hace, la economía, en lugar de aportar la prosperidad, llevará a la ruina a numerosos países.

 

Para comprender la economía es necesario escuchar las lecciones de la naturaleza. Ustedes dirán: “La naturaleza no nos da lecciones de economía, al contrario; toda esa vegetación, todos esos animales, todos esos humanos que no dejan de nacer y morir desde hace miles de años, ¡qué desperdicio! ¿Para qué sirvieron todas esas vidas?” Para nada, por supuesto, en el sentido de ganancia inmediata como ustedes comprenden la palabra “servir”. Todas esas vidas han sido útiles en la economía cósmica, han pertenecido al ciclo de la vida. Recuerden que para la naturaleza la muerte es parte de la vida y todo lo que muere entra en la construcción de otras existencias.

 

La naturaleza nunca se ha inquietado con los miles y miles de cadáveres de seres humanos, de animales y de plantas. Todos vuelven a la tierra con el fin de dar nacimiento a otros seres vivos. ¡Mientras, observen las dificultades que tienen los humanos para deshacerse de todos sus deshechos! Fabrican materiales que después de ser utilizados no se descomponen naturalmente, polucionan la tierra, el aire, el agua, etc. Es inútil enumerarlos, ustedes los conocen, no obstante dirán: “Pero las materias plásticas, las pilas, la gasolina, la energía nuclear, etc., representan un gran progreso”. Por supuesto, no digo lo contrario, pero al mismo tiempo en que se realizaron estos progresos, hubiera sido necesario reflexionar en los inconvenientes que traerían. Ahora bien, esto es lo que no se hizo puesto que había que apurarse para vender.

 

Los humanos han puesto el progreso técnico al servicio de su codicia, incluso con el riesgo de destruir las bases de su existencia en la tierra. Es por eso que el progreso técnico no es verdaderamente un progreso. ¿Acaso, el verdadero progreso consiste en enviar aparatos a otros planetas? ¿Y finalmente, para qué? ¿Para explotar sus recursos e introducir el mismo desorden que hay en la tierra? ¿Para pelearse en el espacio? ¿Para, ahora, ir y sembrar el caos en todo el universo?...Por supuesto, no hay nada de malo en sí al querer explorar el cosmos, pero no antes de haber encontrado una actitud correcta. Los humanos no respetan nada, se creen los amos del universo, están listos para trastocar todo, para satisfacer su curiosidad o su avidez. Pues bien, es necesario que sepan que un día pagarán muy caro este irrespeto y esta violencia.

 

 

 

Extraído del libro “El hombre en el organismo cósmico”

Autor: Omraam Mikhaël Aïvanhov

Editado por Bien de Salud

con la autorización de Editorial Prosveta www.prosveta.com

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