LA NUEVA EMPATÍA

Mente

 

 

Si observamos los últimos adelantos de tecnología en China, donde algunas personas ya poseen mascotas robóticas, entonces nos encontramos ante la siguiente pregunta: ¿Podemos realmente sentir emociones hacia un objeto repleto de cables, tuercas y sistemas? Si la respuesta es positiva, entonces el mundo del futuro deberá enfrentarse a nuevos temas emocionales y de empatía.

 

Bien de Salud les presenta el siguiente artículo donde reflexionamos un poco acerca de la empatía del presente y hacia dónde se puede dirigir en tiempos de mayor tecnología.

 

 

La empatía del presente

Los nuevos dispositivos que llevamos en nuestros bolsillos suelen consumir la mayor parte de nuestro tiempo y de nuestra atención. De cierta forma creemos que, al utilizarlos, estamos desarrollando capacidades sociales. Pero nada puede estar más apartado de la realidad. ¿Verdaderamente estamos hablando con alguien cuando usamos nuestros celulares?

 

Un reciente estudio publicado por la Universidad de Michigan, en los Estados Unidos, nos dice lo contrario. De acuerdo a una serie de pruebas de atención, resulta que el uso constante de celulares no solo nos aparta de la experiencia social sino que también puede acelerar nuestra ansiedad.

 

La universidad llegó a esta conclusión mediante una grabación que hizo a los jóvenes que participaban del experimento. Los resultados eran claros: aquellos jóvenes que conversaban en persona se veían más apacibles y tranquilos. Aquellos que habían conversado por medio del celular, sin embargo, presentaron rasgos de ansiedad interna y externa.

 

La conclusión a la que se llegó fue que si bien los medios sociales que encontramos en un celular nos mantienen en contacto, estos últimos no pueden reemplazar a una experiencia social completa.

 

El presente está repleto de personas que han adoptado un nuevo modelo social: el modelo incompleto. Sin duda las experiencias de compartir y de conversar irán alterándose aún más con el tiempo. Esto es inevitable. Pero en el presente ya somos capaces de llorar y de reír por un par de letras que leemos en una pantalla y que representan a una persona real.

 

 

El problema de la indiferencia

Todos estos aparatos y posibilidades de conexión han creado ciertamente una onda de indiferencia. Es simple: si nos ofrecen tantas posibilidades, entonces perdemos la capacidad de elegir rápido y con confianza.

 

En un estudio realizado en Leipzig, Alemania, se llegó a la conclusión de que los seres humanos presentamos mayor empatía por los siguientes tres grupos: los recién nacidos, los animales y las plantas. En las encuestas, muchas personas destacaban a los animales como el grupo que más les despertaba empatía. ¿Por qué nadie eligió a otro ser humano?

 

Esta es una pregunta interesante. El ser humano ya no es la mayor fuente de entendimiento para sí mismo. Y ello se refleja a diario en las noticias. Pero el futuro puede nutrirse ciertamente de los ciclos del pasado.

 

 

La empatía del futuro

Hay una gran probabilidad de que en el futuro las preguntas que hagamos respecto de la empatía involucren a robots e inteligencias artificiales. Sabemos muy bien, por ahora, que la robótica aún no ha generado inteligencias capaces de sentir emociones.

 

Pero en la medida que avanza el desarrollo tecnológico, un futuro lleno de inteligencias y formas de pensar artificiales puede convertirse en realidad. De ocurrir esto, el tema de la empatía iría por otro lado.

 

En China, cierto grupo de personas ha adquirido mascotas robóticas por las que siente una fuerte afinidad. Es importante destacar que estas formas de tecnología aún no presentan capacidades para generar emociones. Entonces, el hecho cambia porque en el presente ya somos capaces de tener cariño por objetos que solo cuentan con movilidad.

 

¿Cómo será el día en que podamos conversar con una inteligencia artificial o podamos compartir una experiencia de vida con un robot?

 

 

Los ciclos del pasado

No todo es turbio para la empatía. La historia nos ha demostrado que cuando algo empieza a perderse y a cambiar, el ser humano suele regresar a aquello que le causa nostalgia y de esa forma evita un cambio más radical.

 

Somos seres con memoria y por eso la nostalgia es un componente importante para nuestras emociones. Cuando todo se altera y es incierto, solemos encontrar refugio en lo que conocemos; escapamos del ruido con aquello que nos recuerda tranquilidad.

 

Desde tiempos inmemoriales se han anunciado enormes cambios radicales tanto para la Tierra como para el ser humano. En cuanto a este último, toda teoría de cambio ha sido infundada. El ser humano sí puede cambiar, pero lo hará de acuerdo a sus necesidades y a su propio ritmo.

 

En cuanto a la Tierra, es imposible predecir cuándo se alterará y si lo hará en la proximidad o esperará otro largo tiempo. Lo cierto es que siempre podemos compartir con las personas más cercanas a nosotros, alzar la cabeza de las pantallas, dejar de preguntarnos cómo será el futuro y continuar viviendo mientras nuestro planeta continúa girando.

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