LA TRANSITORIEDAD DE LA VIDA

Mente

 

 

Lo transitorio

Como se dijo líneas arriba, muchas cosas en esta vida son de duración finita, esto quiere decir que, eventualmente, llegarán a su fin. Si nos ponemos rigurosos, llegaremos a notar que la vida misma es transitoria.

 

Nadie quiere tomar en cuenta este detalle tan cierto como chocante: nuestros cuerpos físicos dejarán de existir, somos finitos. La vida es un intervalo de tiempo, todo aquello que esté fuera del mismo puede ser considerado como un “aislamiento existencial”, ya que no se puede saber qué hay antes o después del mismo; sólo podemos tener cierta “seguridad” en relación a los fenómenos que ocurren dentro del mismo.

 

Pensar sobre esta realidad puede causar angustia, ya que induce a que las personas tomen conciencia de la incertidumbre del “qué vendrá después”. Las alternativas de solución que la gente utiliza para reducir esta angustia son muchas, pero se revisarán más adelante.

 

Vamos a seguir profundizando en el tema de la transitoriedad. Hay que analizar, en primer lugar, las relaciones humanas. ¿Es posible estar seguros que las personas que queremos o estimamos van a estar SIEMPRE a nuestro lado? La respuesta es una sola: NO. La vida física de estos seres humanos también tiene un final y no hay manera de evitar que esto suceda.

 

Las etapas de la vida misma son también transitorias, uno no puede ser eternamente niño, adolescente, etc. Cada ciclo debe llevarse a cabo de la mejor manera posible para ir avanzando de uno en uno. Es evidente que existen personas que desearían que esto no fuera así, pero es algo que, tarde o temprano, todos debemos afrontar.

 

Los roles que vamos asumiendo en la vida se van modificando, uno no puede ser permanentemente padre, hijo, pareja, etc. Se entra en una dinámica interesante donde primero van aumentando, luego, van coexistiendo y, finalmente, se verán reducidos conforme la finitud del resto vaya haciendo su labor.

 

En definitiva, todos los objetos que rodean nuestra existencia y que nos empeñamos desmedidamente en obtener, también son transitorios. Las cosas se van deteriorando con el paso del tiempo, pierden su funcionalidad, reducen su atractivo, ya no son “novedad”. Finalmente, el día en que nos toque partir, todos estos objetos no podrán acompañarnos, riquezas, posición social, logros académicos o profesionales; todo esto también tiene un final.

 

Estrategias de solución

Las cosas que la gente hace para enfrentar las distintas transitoriedades que se han mencionado previamente son muy variadas, y dependerán del tipo de situación a la que se enfrenten.

 

Ante la transitoriedad de la vida, lo que suele hacerse es, simplemente, negarla; es decir, las personas no se detienen a pensar en este hecho y así se evitan momentos de angustia que pueden llegar a ser muy potentes; funcionar de esta forma puede ser muy útil, sobre todo cuando se trata de planear el futuro. Pensar permanentemente en que vamos a dejar de vivir puede ser frustrante y causarnos temor frente a las posibilidades de crecimiento.

 

Ahora bien, en otras ocasiones, esta toma de conciencia va a ser más bien un aliciente para vivir la vida de una manera más productiva y trascendente. Diversas personas, al haber estado en riesgo de morir o soportado la partida de algún ser querido, han dado un giro interesante a sus vidas.

 

Otra estrategia frecuente es adoptar un credo religioso, estos aseguran la “vida eterna” si es que se siguen las pautas que proponen. Al no tener certezas sobre qué es lo que viene cuando la vida se termina, esta es una alternativa muy viable, ya que ofrece la opción de generar en las personas lo que llamamos “fe”, que no necesita basarse en la racionalidad, porque va más allá de la misma.

 

El problema surge cuando la gente se fanatiza y empieza a centrar toda su existencia en sus dogmas. Pueden llegar a rigidizar su personalidad; la consecuencia de hacerlo, será que se perderán oportunidades de desarrollo y exploración personal que pueden llegar a ser muy gratificantes. Asimismo, muchas veces se cierran a la posibilidad de establecer diálogos con otras personas que podrían contribuir considerablemente a su comprensión del mundo.

 

Cuando se hace frente a la transitoriedad de las relaciones interpersonales, surgen tácticas interesantes. Una de ellas consiste en recurrir a la negación, simplemente no querer aceptar que las personas nos pueden dejar, sin percatarnos que, en realidad, nadie puede asegurarnos que esto no va a ocurrir. La realidad más cruda es que, en definitiva, sí desaparecerán de nuestra vida (o bien desapareceremos nosotros de las suyas) y nada se puede hacer al respecto. Lo más doloroso viene luego, el tener que aceptar la pérdida o el proceso de duelo.

 

Otra forma de afrontar estas separaciones es el famoso “apego”, que es una especie de fanatismo pero enfocado en una persona, la presencia de ésta en mi vida se vuelve tan importante que empiezo a definirme en base a ella. Lo que se busca en el fondo es cierta estructura y seguridad, creyendo que al tomar esta actitud, el otro siempre permanecerá cerca. Lo riesgoso de apegarse a alguien es que uno puede sentirse atado, incluso si ya no se siente amor por esta persona (esto evidentemente se dirige más al tema de las relaciones de pareja). De esta forma la separación se hará aún más complicada, ya que sin el otro, mi estructura se derriba y entro en angustia. Frente a esa posibilidad, es muy importante que las personas laboren más en su propia valía, que desarrollen un amor maduro y no basado solo en la ilusión y la fantasía. Para poder tener una adecuada relación de pareja, primero hay que saber estar bien con uno mismo.

 

En relación a las etapas de vida y los roles, las estrategias que se utilizan generalmente son del tipo evasivo. Esto quiere decir que las personas tienden a evitar las responsabilidades propias de cada etapa o rol que terminará o sufrirá alguna modificación. Por ejemplo, algunos adultos siguen actuando como adolescentes, no consiguen empleo, no terminan una carrera, viven en constantes indecisiones, siguen generando gastos a sus padres, etc.

 

Otro ejemplo válido es el caso de las personas que una vez casadas, siguen consultando a sus progenitores sobre importantes decisiones que deberían tomar solas o en pareja. Frente a estos casos, es recomendable que la familia asuma un rol activo, no permitiendo estos patrones de comportamiento y buscando ayuda profesional, de ser necesario.

 

Cuando se trata de los objetos o pertenencias que uno puede ir acumulando, sale a flote toda la influencia socio cultural a la que estamos expuestos.

 

El consumismo es una forma de negar la transitoriedad, hace que nos enfoquemos tanto en la posesión de las cosas, que perdemos de vista nuestro valor personal. Se envía el mensaje errado de: “mientras más tienes, más eres”.

 

Esto es una evasión total de la realidad, porque como bien hemos visto, al final de la vida no nos llevamos absolutamente nada de lo que podamos haber adquirido materialmente durante la misma. Empezar a buscar una espiritualidad profunda y laborar en el desarrollo personal, son alternativas útiles que le hacen frente a este mensaje subliminal.

 

 

A manera de conclusión

Se podría pensar que el tema de la transitoriedad es algo negativo, que nos invita al nihilismo y genera sentimientos de desesperanza; sin embargo, es más bien una invitación a hacer, que mientras uno esté en el mundo, haga las cosas con mayor conciencia y sentido de trascendencia.

 

La vida nos llama constantemente, es nuestro deber acudir a esa invitación para realizar algo valioso, encontrando así el tan buscado sentido de vivir.

 

Una vez que lo logremos, la sensación de satisfacción y realización personal serán enormes. Estos conocimientos y vivencias, quizás sí sean los que nos llevaremos cuando dejemos este mundo, pero de eso no podemos tener certeza, solo mucha fe y esperanza.

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