LAS RELACIONES ENERGÉTICAS EN LA PAREJA

Mente

 

 

Por Karina Zarfino

Escritora

 

 

Hasta hace muy poco los seres humanos no habíamos comprendido algo tan sencillo como el modo más saludable de relacionarnos. Al contrario, nos hicimos expertos en cultivar relaciones basadas en el control, el miedo, la manipulación y la anulación del propio ser. Resulta evidente que para que emerja una nueva humanidad es necesario que todos comencemos a ser conscientes de cómo nos relacionamos con las personas de nuestro entorno. Porque el modo que hemos utilizado hasta ahora responde a un sistema social cuyas intenciones no eran del todo luminosas. Más bien mantenían a los seres humanos bajo el control de un poder que apenas servía a un grupo reducido.

 

Ahora son tiempos de despertar. El cambio de frecuencia que está experimentando el planeta nos afecta a todos. Estemos dispuestos o no, seamos o no conscientes, este proceso de ascensión nos lleva a replantear nuestro modo de vida, armonizar los aspectos de nuestra cotidianidad en desarmonía y liberarnos de antiguos bloqueos. Este proceso se ve potenciado por la llegada de los nuevos niños, cuya estructura energética genera naturalmente relaciones basadas en el respeto y el amor, que conjugados propician la manifestación del verdadero Ser.

 

Para generar relaciones sanas es necesario empezar a ser conscientes de todo lo que ocurre en los planos sutiles, pues solemos estar pendientes de la dimensión física y no tenemos en cuenta toda la comunicación que sustenta nuestras relaciones. Por eso no entendemos qué pasa con el otro o sufrimos cuando la relación va mal. Sin embargo, tenemos la oportunidad de replantear las relaciones sobre la base del amor y el respeto, y comenzar a abordar el tema desde una nueva óptica: la perspectiva energética.

 

Se trata de expandir la mirada para empezar a obtener información más profunda e iniciar la verdadera toma de consciencia energética de uno mismo. Esta labor diaria requiere una delicada atención del cuerpo, de todos los cuerpos. Es decir, vivir atentos a toda la estructura multidimensional que nos conforma como Seres.

 

Al comprender cómo es el movimiento de la energía que teje nuestras vidas y nos une a las otras personas, no solo a la pareja, nos volvemos libres. Pues la verdadera libertad se experimenta al aprender a hacer un uso correcto de la propia energía, tomando consciencia primero de lo que ocurre en todo el sistema energético y aprendiendo luego a autoabastecernos sin la necesidad de recurrir a la energía ajena. Todo esto posibilitará establecer vínculos saludables con los demás, ya que cuando nos paramos sobre nuestros pies y el eje vertical se alinea con nuestro Yo Superior, recordando y comprendiendo el propósito de vida, la autonomía irradiada es tan sanadora que incluso despierta en otras personas un contagioso deseo de libertad.

 

Pero lo habitual es que comenzamos nuestras relaciones de pareja con un sin fin de asuntos personales sin resolver, lo que nos lleva a depositar una carga de energía muy densa en la relación y puede generar conflictos y encontronazos con el compañero. Es necesario que recapacitemos sobre los verdaderos orígenes de los desequilibrios y las memorias que han de ser sanadas. De lo contrario, siempre atraeremos relaciones con la misma calidad energética, y es probable entonces que conectemos poco con la grandeza de todo lo que vinimos a realizar a esta vida.

 

Por lo tanto, es importante reflexionar desde qué centros de energía o chakras nos relacionamos. Si desde el corazón creamos una relación de amor incondicional o desde los centros inferiores generamos relaciones de dependencia física, sexual o emocional. La dependencia física se origina en el chakra raíz (perineo) y la persona puede llegar a sentir un profundo vacío ante la ausencia de su pareja. Por lo general le resulta difícil estar solo y emprender proyectos de manera autónoma, pues se siente frágil y desvalido sin el apoyo y la presencia del otro. La dependencia sexual se establece desde el segundo chakra (debajo del ombligo) y es la habitual relación que se construye desde un sentimiento de ferviente pasión más que de amor verdadero. El intercambio sexual en estos casos es circular, lo que hace difícil la ascensión de la energía y el tránsito hacia un estadio evolutivo superior de la pareja. En la dependencia emocional el enganche se origina en el tercer chakra, a la altura del estómago. En este tipo de dependencia juega un papel importante el control que uno ejerce sobre el otro. La persona dependiente se desintegra sin el sustento del amor de su compañero. Las emociones son débiles y están absolutamente prefiguradas por la perspectiva de vida del otro.

 

El uso equivocado o poco conciente de la energía en el ámbito de la pareja nos ha llevado a crear una geometría caótica y cerrada que no hace más que estrangular sus propios límites. Finalmente, impide el desarrollo y sereno fluir del verdadero Ser. Al generar un vínculo de pareja estamos creando una realidad sutil en todo el espacio circundante a la relación.

 

Dibujamos permanentemente una realidad en el espacio multidimensional con nuestras emociones, pensamientos y el modo en que nos relacionamos y unimos a la otra persona.

 

Al construir círculos energéticos cerrados, la energía se vuelve cíclica y no se renueva. Eso ocurre cuando sentimos aburrimiento y agobio pasado un tiempo de la relación: el brillo y la alegría del encuentro inicial comienzan a opacarse. Debido a ello, para generar relaciones de pareja sanas y equilibradas es necesario que seamos absolutamente conscientes de los campos de energía que se crean alrededor de nuestros cuerpos. En estado de armonía, esos campos dibujan perfectas formas geométricas consideradas sagradas, puesto que representan y están en sintonía con las fuerzas de la creación del universo.

 

Lo ideal en toda relación amorosa es que mantengamos siempre nuestro propio centro activo y despierto. De este modo iremos integrando el dibujo del patrón energético que se vaya creando con la pareja a medida que avanzamos juntos, lo que nos permitirá vislumbrar con claridad los movimientos que surjan entre ambos y de este modo seremos capaces de decidir sobre la dirección a seguir en todo momento, siempre desde la base del amor y el respeto.

 

Tal comprensión sutil nos brinda infinita seguridad y gran fortaleza, lo que indudablemente favorecerá la relación. Sin embargo, en ocasiones estamos lejos de alcanzarla y en vez de utilizar el marco de la pareja para incrementar la propia luz, nos postergamos por el otro y por la relación. Esto nos deja irremediablemente en una posición de desventaja, desde la cual se dificultará la transmutación de toda emoción negativa que pueda aparecer.

 

Es importante que comprendamos que cada uno es un Ser único en el universo y que nos encontramos en la tercera dimensión con un propósito y una misión concreta. Ninguna pareja, por más maravillosa que sea, nos evitará transitar las lecciones que nuestra alma necesita.

 

Toda esta información forma parte de un libro que he titulado “Las relaciones energéticas en la pareja”, y que nació con el fin de aportar una visión diferente sobre estas relaciones, sobre cómo abordar los conflictos y sus soluciones desde un enfoque más sutil y a la vez profundo. El objetivo de centrarse en la pareja viene dado porque, después del individuo, es la célula social más pequeña y desde donde se genera la gran red. Sanar esta célula resulta primordial para imaginar una sociedad justa y respetuosa, donde las relaciones entre los seres humanos surjan desde los aspectos verdaderos del Ser, potenciando las capacidades de todos los individuos y sintonizando el desarrollo social al propósito de vida que cada uno trajo al mundo.

 

El libro habla del movimiento energético dentro de la pareja, de cómo volvernos concientes de nosotros mismos y ser capaces de cortar con viejos patrones relacionales que frenan nuestra evolución. Nos explica técnicas para aprender a cargarnos de energía por nuestros propios medios y encaminarnos hacia el bienestar y la felicidad. También reflexiona sobre el sentido sagrado de la sexualidad y de cómo lograr un intercambio de energía armónico con la pareja con el fin de crear relaciones conscientes basadas en el respeto, la claridad y el amor verdadero.

 

“Se trata de ampliar nuestra percepción y asumir que somos seres multidimensionales, con una estructura energética que supera el cuerpo físico. Cuando anclamos esta realidad en nuestras vidas estamos ante la grandiosa posibilidad de relacionarnos concientemente con nuestra pareja desde este aspecto multidimensional. Al hacerlo, seremos capaces de conectar con el amor verdadero y desapegarnos de la mirada del personaje, del ego, que generalmente potencia los conflictos en vez de propiciar la saludable resolución que beneficie a ambos”.

 

Nota:

Karina Zarfino es autora del libro “Las relaciones energéticas en la pareja”

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