LO ESENCIAL, LA VIDA

Mente
Omraam Mikhaël Aïvanhov
Maestro de la Fraternidad Blanca Universal

FRANCIA

 

 

La vida, esta palabra resume todas las riquezas del universo, en la palabra “vida” está incluido todo el desarrollo futuro. En una célula ya están contenidos en potencia todos los órganos que aparecerán un día como una semilla que es necesario plantar, regar y cuidar para que dé fruto. Así, después de un cierto tiempo, como en el caso de la semilla, de este magma, de este caos, de esta realidad indeterminada que es la vida, todo empieza a surgir y a tomar forma.

 

De esta manera han aparecido los órganos que poseemos actualmente, y en el futuro aún aparecerán muchos más. Dado que el cuerpo físico está hecho a imagen del cuerpo astral, el cuerpo astral a imagen del cuerpo mental y así sucesivamente hasta el plano divino, de la misma manera que poseemos cinco sentidos en el plano físico, poseemos también cinco sentidos en el plano astral y en el plano mental: el tacto, el gusto, el olfato, el oído y la vista. Estos órganos todavía no están desarrollados en los otros planos, pero ahí están, a la espera del momento oportuno para manifestarse.

 

La vida, el ser vivo, la célula viva, el microorganismo, contienen todas las posibilidades de desarrollo, y de esta manera se apuran, se apuran...y cuando ya no les queda nada, se ven obligados a abandonar todas sus actividades. No tiene ningún sentido actuar de esta manera, ya que si se pierde la vida, se pierde todo. La vida es lo esencial, y por lo tanto hay que protegerla, purificarla, santificarla, eliminar todo lo que puede constituir una traba o un bloqueo, porque a continuación, y gracias a ello, obtenemos la salud, la fuerza, la belleza, el poderío, la inteligencia.

 

La gente se ocupa de todo menos de la vida; si pensaran realmente en la vida, en protegerla y conservarla en la mayor pureza, tendrían más posibilidades de obtener lo que desean, porque es precisamente esta vida iluminada, clara, intensa, la que puede darles todo.

 

Sin embargo, los seres humanos se entretienen en malgastar esta vida corriendo detrás de adquisiciones que no son tan importantes como la vida misma. Laboran años y años para satisfacer sus ambiciones y un buen día se encuentran agotados y aburridos, hasta tal punto que si pesáramos en una balanza lo que han obtenido y lo que han perdido, nos daríamos cuenta que lo han perdido todo para ganar muy poco.

 

Hace falta la verdadera filosofía. Debería enseñarse a los seres humanos, desde su infancia, a no malgastar su vida para que puedan consagrarla a un objetivo sublime; ya que de esta manera la vida se enriquece y aumenta en fuerza e intensidad, exactamente como un capital que fructifica.

 

Por esta razón es tan importante que conozcan la finalidad de sus tareas y para quién la realizan, ya que según sea esta finalidad, sus energías tomarán una dirección u otra. Si laboran para vuestro padre, simbólicamente hablando no solamente no perderán nada, sino que se beneficiarán. Así pues, lo más importante es saber a qué están consagrando sus fuerzas, en qué dirección laboran, ya que su porvenir depende de esto y, en definitiva, pueden empobrecerse o enriquecerse.

 

Si deciden laborar exclusivamente en embellecer su vida, intensificarla, purificarla y santificarla, aumentarán todas sus facultades. Porque esta vida, al ser pura y armoniosa, establecerá contacto con otras regiones donde actuará sobre otras muchas entidades que acudirán inmediatamente a ayudarlos, a inspirarlos. Así pues, indirectamente es la vida la que se encarga de aportar el resto, pero únicamente si es pura y armoniosa.

 

Si el ser humano no evoluciona es porque no orienta su vida hacia las regiones sublimes. La vida es lo que se expande, lo que fructifica. Cuando plantan una semilla, observan, al cabo de un tiempo que la vida empieza a manifestarse. Su lenguaje está ahí: la aparición de pequeñas raíces, de pequeñas hojas. En eso consiste la vida: en un embellecimiento, en un enriquecimiento, en una irrupción.

 

La vida es Dios mismo. Fuera de Dios no existe vida. Él es quien la ha creado y distribuido, y si los seres humanos no pueden conocerla es debido a que en el interior de su conciencia están separados de Dios. La vida mana de Dios y únicamente aquéllos que se acercan a la Divinidad pueden conocerla. Solo Dios crea la vida y puede enseñarnos el misterio que ésta encierra.

 

En cuanto a la juventud, acostumbra a tomar como modelos a estrellas de cine o de la canción, cabecillas, drogados o anarquistas, y darían lo que fuese para parecérseles. La prensa, el cine, el teatro y la publicidad, todo contribuye a orientarla hacia el mal camino. Se diría que todos se han propuesto la pérdida de la humanidad... junto con la suya propia, naturalmente.

 

Los seres humanos galopan hacia los abismos, pero ya que estos abismos no se ven a simple vista, no sospechan su presencia y continúan corriendo en su dirección.

 

Y si en este momento me plantean lo siguiente: «¿Por qué hay tan pocos seres que se deciden a cambiar su vida, su manera de pensar, de sentir, de actuar? ¿Cuáles son las razones para no hacerlo?» Ante todo les diré, que no tienen una idea clara de las ventajas que aporta un cambio semejante. Están persuadidos de que la vida que lleva todo el mundo es la verdadera vida, y la prueba está en que siempre dicen: “¡Es la vida!” Frente a todo lo triste o deplorable que les ocurre, repiten: “¡Qué quieres, amigo, es la vida!” Así pues, ¿cómo van a cambiar si están persuadidos de que no existe una vida mejor? En segundo lugar, la gente no cree que sea posible cambiar, y en tercer lugar, para la mayoría, el cambio es muy difícil, les exige demasiado esfuerzo, por lo que no acaban de decidirse. Todo lo demás es comparativamente fácil: obtener diplomas, ganar dinero, es muy fácil, pero ¡cambiar la propia vida, transformarse!... ¡ay, ay, ay!

 

En realidad no es tan difícil transformarse: solo depende del deseo que tengamos de conseguirlo. Cuando se está descorazonado y hastiado de sí mismo y uno no puede ya soportarse, si se tiene en verdad un intenso deseo de cambiar, de llegar a ser un poco mejor, este deseo puede producir efectos extraordinarios; sin embargo, ¿creen que la gente tiene este deseo intenso? Quizás durante un día, dos días, pero a continuación abandonan, y todos sus buenos propósitos se malogran. Hay que alimentar constantemente este deseo, y un buen día se produce el cambio, nos transformamos, y en esto consiste la resurrección.

 

Extraído del libro “Armonía y salud”

Autor: Omraam Mikhaël Aïvanhov

Editado por Bien de Salud

con la autorización de Editorial Prosveta www.prosveta.com

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