¿POR QUÉ REGALAMOS EN NAVIDAD?

Mente

 

 

 

Desde una perspectiva internacional, sería bastante ingenuo ignorar el aparato comercial y las inversiones multimillonarias que se invierten anualmente durante la temporada navideña.

 

El panorama mundial de la economía persigue un modelo capitalista que, con tanto beneficios como consecuencias severas, ha encontrado enorme provecho en las celebraciones realizadas a nivel internacional.

 

Como tal, la Navidad que se nos presenta en los televisores por medio de programas infantiles, películas y adornos en demasía, obedece mayormente a una visión global del comercio. Esta última ha sido diseñada específicamente para cumplir el modelo de contar una historia.

 

¿Qué historia nos venden el marketing y el mercado internacional? Precisamente la imagen de un hombre corpulento de gran tamaño que se llama Papá Noel (Santa Claus, en su nombre anglosajón original).

 

La historia ha sido siempre simple y sorpresivamente moralista. Papá Noel labora en el Polo Norte, asistido por incontables duendes que durante todo el año se dedican a ayudarlo a preparar los regalos de millones de niñas y niños.

 

Respecto a los más pequeños, ellos conocen la historia que les indica dejar sus cartas con el pedido de sus regalos deseados en un lugar específico. Pero Papá Noel solo les entregará sus regalos si es que han sido buenas personas durante el año. Si cumplen esta demanda, entonces únicamente les espera acudir al silencio de sus dormitorios y dormir tranquilos en espera del día siguiente, cuando sus regalos ya se encontrarán bajo sus árboles de Navidad.

 

Papá Noel, mientras tanto, se pasa la noche transitando los cielos del mundo, guiado en los vientos, tormentas y mares de estrellas por un trineo de color rojo, verde y dorado empujado con fuerza por un grupo de renos.

 

Esta es la historia de Papá Noel, los niños y los regalos. Sin embargo, a través del tiempo, esta historia ha adoptado distintas interpretaciones..

 

Bien de Salud les cuenta en este artículo el inicio del mito de Papá Noel, su trayectoria a través del tiempo, y su presente interpretación en un mundo con mayor inclinación espiritual.

 

 

EL MITO EMPIEZA

 

El obispo cristiano

Las historias de un hombre que reside en los fríos violentos del Polo Norte, rodeado de duendes, pingüinos y renos son en realidad un viejo mito del solsticio de invierno.

 

El cristianismo dio el nombre Nicolás a la figura de un obispo cristiano. Se estima que su tiempo de vida recorre los años de la Edad Media.

 

 

Nicolás de Bari

Nacido en Myra, por el año 270 o 280, en un pedazo de tierra considerado actualmente dentro del territorio turco, Nicolás de Bari alcanzó su primer logro profesional al ordenarse como sacerdote luego de abandonar su hogar debido a la peste bubónica.

 

Desde temprana edad, Nicolás de Bari desplegó un gran entusiasmo por compartir enseñanzas y pasar el tiempo con las personas más necesitadas. Él provenía de un hogar acomodado y sus intereses siempre lo llevaron a demostrar un lado más humanista y empático.

 

 

Una leyenda muy conmovedora

Las primeras historias narradas oralmente sobre Nicolás de Bari destacaban siempre su cariño por los niños y niñas. Asimismo, su entusiasmo por compartir historias y anécdotas con los más pequeños lo invistieron de una figura de santo entre las personas.

 

Los niños y niñas aguardaban entusiasmados las historias de Nicolás de Bari y, asimismo, los días en que se aparecía cargado de obsequios y los repartía a todos con alegría.

 

Entre sus obsequios más rememorados figuran bolsas con monedas de oro, calcetines y prendas de vestir para los más pobres, y oraciones para los desamparados reunidos en las plazas.

 

Toda esta actividad le otorgó el grado de San Nicolás de Bari, y así lo recordaron por muchos años en las leyendas.

 

 

Papá Noel y la Coca-Cola

Luego de variadas versiones, publicaciones y más leyendas a lo largo de los siglos XVIII y XIX, San Nicolás de Bari recibió una nueva imagen.

 

Esta vez, la empresa Coca-Cola se encargó de extraer los elementos más humanos del mito y desprender a San Nicolás de su figura de santo.

 

La idea principal para la Coca-Cola era que Papá Noel, como se le empezó a conocer, fuera más accesible para las personas. Y evidentemente la figura de un hombre mayor y corpulento que consagra su noche del día 24 de diciembre a recorrer el mundo en un trineo aporta una imagen sencilla y, al mismo tiempo, fantástica.

 

 

La misión de los juguetes

Con un hombre que recorría los cielos para entregar regalos, lo único que faltaba especificar era precisamente: ¿qué regalos habría de entregar Papá Noel?

 

Como es conveniente para el mercado internacional, la figura de Papá Noel se convirtió en portador de incontables regalos de diversas marcas de juguetes.

 

Para contribuir a la leyenda e incrementar el espectro mágico, se añadió un lugar de operaciones: el Polo Norte, y un grupo de colaboradores: los duendes.

 

Finalmente, San Nicolás de Bari se convirtió en el mito de la fantasía financiada tanto por empresas del ámbito comercial como por la imaginación de incontables personas.

 

 

Los regalos modernos

En el presente, es cierto que muchos niños y niñas han perdido el deseo de creer en Papá Noel como una figura producto de la realidad.

 

Es evidente que el hombre vestido de rojo con barba blanca es un producto del marketing comercial. Pero también es cierto que toda leyenda o mito se convierte en algo más una vez que decidimos creer en ellos.

 

Sin importar el origen de la leyenda de Papá Noel, una vez que se cree en él, no se está añadiendo credibilidad al mito de la Coca-Cola ni de las incontables marcas de juguetes. Tampoco se le añade credibilidad al mito de un santo en la Edad Media entregando monedas de oro. Únicamente se le añade importancia y credibilidad a nuestro mito personal y, con esto, a nuestro Papá Noel personal.

 

Mientras adquirimos mayor edad, quizás la historia del hombre que se desliza por las chimeneas y deja los regalos en el árbol pierda importancia. Lo más lógico es que dejemos de creer en esas historias. Pero también resulta ilógico que nos perdamos el júbilo de la fantasía y la magia que traen consigo las historias.

 

Llega precisamente un día en que los regalos de Navidad pierden importancia. Pero en ese momento es que comprendemos que el mayor regalo no eran los juguetes, sino la oportunidad de creer en algo más. Esto es, evidentemente, la oportunidad de tener fe. Porque cuando ese hombre corpulento ya haya terminado su recorrido por los cielos de nuestra imaginación, aún estarán nuestros padres y nuestras familias para recordarnos cuán importante es creer en la magia del cariño y el amor.

 

 

¿Qué significa finalmente regalar?

Sea por razones de costumbre, tradición o deseo personal, regalar es una parte importante de la Navidad.

 

La tradición se inicia con los mitos y se fortalece con el marketing. Esto es indudablemente cierto. Sin embargo, aquellos que regalan somos nosotros y también quienes vamos a formar parte de la tradición navideña de una manera muy especial.

 

Cuando compramos un regalo para alguien y lo hacemos con aprecio y amor, somos los reyes magos que descendieron del cielo para entregarle una ofrenda al niño Jesús. Todos en Navidad tenemos un papel importante que desempeñar. Nos convertimos en Papá Noel, en felices huéspedes, en cálidos anfitriones, en reyes magos y en bondadosos benefactores.

 

Regalar significa, más allá del aparato comercial y mitológico, demostrar aprecio hacia los demás. Es importante para las personas saber que siempre se encuentran presentes en nuestros pensamientos y corazones. Finalmente, les regalamos porque nos acordamos de ellos y los queremos. En la Navidad, somos los reyes que entregamos presentes y el pequeño niño Jesús en su cuna que los recibe con paz y cariño.

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