¿QUÉ PENSABAN “ELLOS” DEL OPTIMISMO?

Mente

 

 

En el cuadro de eventos y acontecimientos que flagelan a los distintos países del mundo con hambruna, gobiernos resquebrajados, injusticia, violencia e imposiciones, el optimismo suele ser ignorado y, lo que es peor, olvidado.

 

En circunstancias y realidades tan adversas no existe tiempo para ser optimista. Sin embargo, es vital para nuestra salud emocional que, aunque no seamos totalmente optimistas, por lo menos reconozcamos las situaciones óptimas de bien a nivel internacional y en nuestras propias vidas.

 

 

¿Qué significa realmente ser optimista y pensar de esa forma?

Bien de Salud les muestra alguna de las frases recogidas a través de la historia respecto de la importancia innegable del optimismo. Pero también nos interesa exponer este estado positivo en la vitalidad como herramienta para ser más feliz, en su existencia como resultado de actitudes positivas y en las formas de conseguir perpetrarlo para la vida diaria.

 

 

 

Winston Churchill

El Primer Ministro británico que condujo a Inglaterra a través de la Segunda Guerra Mundial era uno de los principales defensores de la actitud optimista en tiempos difíciles.

 

Durante una entrevista en el apogeo de la Gran Guerra, Churchill expresó lo siguiente en cuanto a su visión del mundo:

 

“Soy un optimista. Verdaderamente lo soy. No parece muy útil ser otra cosa.”

 

¿Por qué ser optimista en estos tiempos? En realidad, ¿es más útil ser algo más?

 

Creemos que no y, si bien es complicado mantener una actitud positiva, es sumamente necesario tanto para las personas en nuestras vidas como para nosotros mismos.

 

 

 

Charles Chaplin

El comediante del cine mudo nos ofreció el regalo y las sorpresas de la risa en situaciones mundanas que se convertían en pequeños milagros.

 

“Nunca encontrarás un arcoíris si estás mirando hacia abajo”.

 

Esta frase fue mencionada por el propio Chaplin y se encuentra registrada en una de sus biografías. Además de poseer una inclinación alegórica, la frase nos recuerda los peligros del pesimismo y el abatimiento.

 

La cabeza ensimismada, el ánimo quebrado y los pensamientos que no ofrecen soluciones nos privan justamente de ver la existencia de las maravillas que existen a nuestro alrededor, de recoger nuestro ánimo y de encontrar soluciones.

 

No nos quedemos observando el suelo. Nos falta un poco de cielo y todo aquello fantástico que se encuentra en derredor nuestro.

 

 

 

Ana Frank

La niña judío-alemana víctima del holocausto falleció a los dieciséis años de edad, pero su voz aún se escucha con estrépito y puede encontrarse dentro de las páginas de su diario.

 

“Qué maravilloso es que nadie tenga que esperar un momento antes de comenzar a mejorar el mundo”.

 

¿Cuál fue el método y la lección más grande de Ana Frank?

 

El amor puede mantenernos con vida y, sobre todo, puede traducirse en un optimismo ciego.

 

A veces conocer muy poco, ser bastante joven y rebosante de entusiasmo, puede significar una forma de sabiduría optimista e inesperada.

 

En el presente se necesita esa clase sabiduría también.

 

 

Albert Einstein

El físico, matemático y humanista alemán no solo fue responsable de los avances científicos más asombrosos que ha alcanzado el ser humano. Albert Einstein también fue un conocido defensor de las ideas absurdas, de la fe ciega que se necesita para acometer empresas novedosas.

 

“Sólo los que intentan lo absurdo pueden lograr lo imposible”.

 

Nuevamente las fortalezas de la fe ciega se encuentran puestas en despliegue.

 

Pensar distinto no es un mal hábito en realidad, pero sí lo es si nos separa enteramente de las demás personas. Con frecuencia intentar algo diferente convierte en el actor del intento, ante los ojos de los demás, en una persona arrogante con aires de pedantería.

 

Si observamos con cuidado, la modestia se encuentra en peligro de extinción. La simpleza y el optimismo de igual manera. ¿Por qué mejor no nos animamos a encontrar lo extravagante actuando de manera tranquila y apacible?

 

 

 

Dr. Seuss

Theodore Seuss Geisel fue un caricaturista, dibujante y escritor de historias infantiles que, con una sabiduría y empatía específicas, también eran un medio de comunicación para adultos.

 

Dr. Seuss, como se le conoce, fue uno de los primeros creadores en restaurar la imagen de los libros como aptos para cualquier edad y nacionalidad en el mundo.

 

“No llores porque se acabó, sonríe porque sucedió”.

 

Esta frase es un ejemplo clave del proceso optimista para transformar una situación pesimista y convertirla en algo valioso y apreciable.

 

Todos somos capaces de estas habilidades, pero no invertimos el tiempo necesario en cultivarlas y fortalecerlas.

 

El Dr. Seuss nos mostró años atrás que cualquier monstruo posee un corazón y que, lo más importante, si no podemos justificar las acciones erradas de alguien, las podemos entender. Esa capacidad se llama empatía.

 

Como uno de sus personajes, El Grinch, quien se robó la navidad, Dr. Seuss se robó nuestras sonrisas con su corazón y su empatía.

 

 

Napoleón Hill

El escritor norteamericano del siglo XIX defendía el poder del optimismo durante el inicio de la revolución industrial sin dejar de reconocer la existencia del pesimismo.

 

Para Hill, ser pesimista era una opción enteramente libre y válida, pero, como nos lo menciona en la siguiente frase:

 

“El optimista se equivoca con tanta frecuencia como el pesimista, pero es incomparablemente más feliz”.

 

La elección de cómo sentirnos es absolutamente elección nuestra. Nuestra felicidad podría estar definida por cómo nos expresemos de los demás y de nosotros mismos. Se puede ser pesimista, pero también se puede ser optimista. La elección, como repetimos, es nuestra.

 

 

 

Nosotros y ustedes

Bien de Salud les presentó esta breve lista de frases que reconocen la vitalidad del optimismo, pero deseamos añadir un factor más: ser optimista es ser ciego; ser optimista es ser entusiasta; ser optimista es pensar en soluciones imposibles; ser optimista es no ser pesimista; y ser optimista es, al final, ser tú, pero un poco más feliz.

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