RESPETO: LA PIEDRA ANGULAR DEL MATRIMONIO

Mente

 

 

El respeto no se menciona entre los votos matrimoniales, ni existe libro alguno con ilustraciones que enseñen a profesarlo. Sin embargo, es la clave para que cualquier matrimonio sea duradero y satisfactorio.

 

Sí; el respeto. Hoy día, esta palabra se antoja rara; parece propia de discursos formales, pero las parejas que han permanecido felizmente unidas por mucho tiempo la pronuncian frecuentemente.

 

Se hizo un estudio, en el cual se entrevistó a 87 parejas que llevaban 15 años de casadas o más: el propósito era identificar los factores que les habían permitido a esos matrimonios sobrevivir en esta época, en que tantos otros terminan en divorcio. El factor primordial resultó ser el respeto, la gran mayoría de personas que se entrevistó declararon que respetaban a su cónyuge.

 

¿Qué es el respeto? No es la admiración, por cierto. Cuando uno se enamora de alguien, admira a esa persona, y la idealiza como un niño idealiza a su padre.

 

Esta admiración romántica se basa en la ilusión de que se ha encontrado a “la persona perfecta para uno”. Pero eso, no dura. Con el tiempo nos damos cuenta de que el ser elegido no es exactamente como parecía. Descubrimos que tiene una personalidad diferente, y otra manera de enfocar la vida y hacer las cosas.

 

A veces tratamos de lograr que nuestro cónyuge se ajuste a nuestra fantasía. Pero, para que un matrimonio dure y se perfeccione, es mejor hacernos a la idea de que no todo ha de parecernos bien, y aceptar que el otro sea como es. Sólo cuando la pareja toma esta decisión empieza a respetarse verdaderamente, ya que el respeto se da sobre la base de la aceptación y autenticidad a toda prueba. El respeto se da y se recibe entre iguales.

 

Por ejemplo al esposo de una conocida le encanta el deporte, sobre todo el tenis, ella prefiere ir al teatro o quedarse en casa a leer, pero en vez de reconocer sencillamente que sus gustos son diferentes a los de su marido, hace comentarios como este sobre él: ¿Cómo puede desperdiciar así su tiempo y su dinero? De esa manera, lo humilla.

 

Los comentarios hirientes y el desdén son el principal síntoma y el efecto más devastador de la falta de respeto. El desdén es el peor de los sentimientos, implica que uno cree que la otra persona no vale nada.

 

Todos conocemos matrimonios en los que uno de los cónyuges ataca duramente al otro, so pretexto de que “es por su bien”. A veces las agresiones son mutuas. Pero el tono hostil echa a perder el supuesto “bien” que se busca. La mujer sermonea a su marido para que sea ambicioso, y así lo hace sentirse fracasado, pues él prefiere una labor manual o ayudar en los proyectos de la comunidad, a participar en el mundo de los negocios. Y él, por su parte, la acusa a ella de perder el tiempo siempre que se reúne con sus amigas: “¿Por qué no se dedica a algo productivo?”, pregunta.

 

En los buenos matrimonios, cada uno de los cónyuges fomenta la autoestima del otro. A veces manifiesta con buen humor su extrañeza ante los gustos de la media naranja, pero sin hacer que esta se sienta mal; por ejemplo: “Para mi esposo, las vacaciones perfectas consisten en aprovechar los días de sol para hacer labores de carpintería en el sótano”.

 

En los comentarios afectuosos como éste se acepta abiertamente el derecho del compañero a ser él mismo. El respeto se expresa con frases como “No quiero ir al concierto; ve tú y diviértete”, o bien: “Claro que te acompañaré; pero no te enojes si me duermo”.

 

El respeto, pues, consiste en apreciar la individualidad de otra persona, lo que la hace única. Descubrir y aceptar estos rasgos diferenciales lleva algún tiempo; por eso, el respeto es una cualidad de los matrimonios maduros, y no del enamoramiento enardecido. Lo mencionado anteriormente no quiere decir que las parejas que se guardan consideración adopten una actitud como la de quien dice: “Tú haz lo tuyo, y yo haré lo mío”. Por el contrario; el respeto es “lo que une a las personas”, aprender uno del otro. Aceptando el punto de vista ajeno e incorporarlo a la propia naturaleza, suele ser muy enriquecedor.

 

La paradoja de los buenos matrimonios es: sólo respetando la manera de ser del otro abrimos la puerta al cambio. La palabra “respetar” quiere decir, por sus raíces “mirar”. El ojo considerado mira con claridad y con amor; ve lo que ya existe tal como es, pero también lo que hay en ello “potencialmente” y ayuda a que fructifique. El respeto es el arte de amar tal como lo ejercen la parejas casadas que honran lo mejor e irrepetible en cada cual.

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