UNA VISIÓN DEL UNIVERSO Y SU CREACIÓN Parte I…

Mente

 

 

 

Pedro Jesús Ramírez Perdomo

Abogado Civil, Mercantil y Marítimo

Miembro de Rotary

Aficionado a la astronomía

VENEZUELA

 

 

Soñé que se me mostraba la creación como en ella participando, mejor que una nítida película. La mente infinita con una energía inerte, despertaba del gran silencio. Su primer giro marcó el tiempo. Puntos de luces y sonidos que al friccionarse entre sí, encendieron el espacio delimitado. Tonalidades refulgentes que con cada giro cambiaban a colores indescriptibles, cada vez más iridiscentes. Así se hizo la LUZ. El Big Bang, surgió de un punto infinitesimal, pero en todo el círculo previsto, constituido como el Universo que nacía. Cada punto giraba con un compás hermoso y un sonido que embriagaba y hacía que cada punto a su vez girase con el que tenía a su lado o en su frente, en círculos a la izquierda o a la derecha y esos círculos se transformaban en cilindros y se doblaban y se convertían en aros de luces que atraían a nuevos aros y se creaban esferas, las cuales a su vez se unían a otras y a otras, siempre crecientes y radiantes.

 

Vi que las esferas se atraían o se repelían, como dotadas de entendimiento. Vi filas de esferas que se unían a otras filas y creaban formas perfectas que a su vez, con sus semejantes, continuaban su danza. Se formaban cubos, pirámides, trapecios, en un vaivén de formas variadísimas. Oleadas de sentimientos brotaban con cada giro, como corrientes que nos inundan de una intensa felicidad. Comprendí que el supremo había delimitado su creación y allí se manifestaba. Se me explicó que el límite estaba representado en el cero (0) o circulo encerrado entre sus paredes y el infinito en lo ilimitado de sus bordes. Su primera manifestación, representada por el uno (1) que en compañía del cero (0) nos mostraba el plan, no como una creación caótica, como una sopa primordial, sino como la expresión de un orden sucesivo, pero magnífico. La unidad potenciada de manera ilimitada con el cero (0) a la derecha en proporciones cada vez mayores, mostraba que de lo simple a lo más complejo, la creación continuaba. Sin embargo, aun transformándose, veía que permanecía inalterada la creación que le precedía, como si fuese una escalera que bajaba cada vez más y en cada escalón los puntos danzantes, con sus brillos y sus giros continuos producían formas nuevas; calientes unas, más frías otras, se iluminan o se hacían pulsantes, siempre vitales.

 

Veía en mi mente, partículas pequeñísimas que formaban carpines cúbicos y esferoidales. Girando se unían a otros carpines y formaban mega-carpines hasta crear partones, todos radiantes como Soles y de allí una miríada de partones que con otros, formaban átomos con sus protones, neutrones y electrones que orbitaban sus núcleos a velocidades inmensas, pero que me permitía girar con ellos y poder observar con detalle cómo lo hacían, cual sistemas solares con sus planetas, con halos magnéticos, como capas protectoras con sus frecuencias, sus valencias y sus múltiples componentes, que no me fueron descritos, pero todos capaces de producir la sólida materia. Se me mostró que cada átomo, conteniendo parte de la misma energía original era obediente a su creador, como si tuviesen conciencia. A su vez formaron gases que se combinaban unos y se rechazaban otros, se encendían, calentaban y explotaban y se producían nuevos elementos que giraban o permanecían estáticos y observé como se formaron las nebulosas que se contraían unas y formaban soles inmensos y capas tras capas de materiales que se atraían y comenzaban a su vez a girar alrededor de los soles que se agrupaban a otros soles y sistemas, formando galaxias, las que a su vez se unían a otras galaxias, sin que chocasen entre ellas...

 

Vi cómo se formaron los gases, las aguas y los mares en múltiples planetas, con sus nubes y atmosferas. Vi cómo crecieron montañas y los espíritus que las custodiaban y cómo se hicieron las rocas, los minerales, el oro, y un sinnúmero de piedras preciosas; también cómo nacieron las plantas, las flores, las aves y manadas de animales diversos y también pude ver como guiaban las almas hasta nacer como seres humanos.

 

Era un universo viviente, donde todo era movimiento, todo giraba alrededor de un centro y me explicaron que la vida era la regla y no la excepción, que el universo era inteligente, poderoso y que también sentía. Que todo había sido creado siguiendo un patrón común, que todo había sido planificado, que nada había surgido al azar. Se me explicó que la energía era igual a la materia pero en distintos grados, que no se creaba ni se destruía, que todo era permanente, eterno. Que la nada nunca ha existido, pues de la nada no surge nada; que la energía primordial, lo constituía un TODO y tras ella la llamada Anima Mundi, pero sin manifestación, misteriosa, insondable, omnipotente, presente y activa en todas partes y que aun con su propia y permanente creación, seguía inerte, imperturbable.

 

Se me explicó que ese ser con su poder latente, su inteligencia suprema, en un presente continuo, donde estábamos incluidos, fue el gran iniciador. Ideó manifestarse y participar de su creación con un plan de lo simple a lo complejo, en un ciclo, desde su acelerada e inmóvil existencia, hasta otra más concreta con todas las formas posibles, para llevar su conciencia allí y luego volver a su origen, pero con la sabiduría de su propia experiencia. Ese plan fue de proporciones gigantescas, perfectas, simétricas, ordenadas y hermosas y sigue siendo ejecutado, puesto que es un universo de creación continua.

 

En mi sueño veía una luz esplendorosa y oía sonidos que embriagaban con un ritmo constante que marcaban el tiempo. Gran estallido, efusión radiante de placer, de emociones indescriptibles, la electricidad recorriendo cada punto hasta los bordes de su espacio, y entendí que las estrellas son poderosas fuentes de luz, radiaciones inconmensurables de átomos y partículas danzantes, que se crean, crecen, se reproducen y mueren, para volver a nacer y a morir en un ciclo interminable, hasta que el gran todo lo decida.

 

Me preguntaba, que si todo lo creado había sido instantáneo con ese gran estallido de luz y sonido... ¿será que para nosotros pasaron millones de años?

 

Y en mi sueño todo giraba, danzaba, y pensé... ¿por qué los seres humanos no danzamos al mismo compás y para qué peleamos tanto?... Allí escuché una canción que decía, "Cuando el mundo sea Feliz, las estrellas cantarán".

 

Y ese Universo creció y creció y la Luz y el sonido que emitieron me fueron tan insoportables que desperté, habiendo comprendido lo sencillo y hermoso de la creación.

 

Continuará…

 

 

Pedro Ramírez Perdomo

pjrperdomo@gmail.com

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