El ayuno es algo natural

Nutrición

 

 

Dr. Pablo Saz Peiró

Médico cirujano

Médico naturista

ESPAÑA

 

LA NATURALEZA AYUNA

La capacidad para ayunar es un potencial de adaptación a las condiciones climáticas de algunas zonas de nuestro planeta. En zonas de clima templado, tenemos el privilegio de presenciar la sucesión de las estaciones del año. Intentemos imaginarnos cómo era la situación antes de que se inventasen los frigoríficos y los conservantes: el soleado verano ofrece a los seres humanos frutas, hortalizas frescas y muchos otros alimentos; el otoño, con su explosión de colores, es la época de la cosecha de frutas y cereales, en la que animales y personas acumulan panículo adiposo. Después, las temperaturas comienzan a descender cada vez más hasta el invierno: la tierra descansa, caen las hojas y la vegetación se introduce en un período de reposo. Seres humanos y animales disponen únicamente de una cantidad limitada de alimentos conservables, que se van agotando en el transcurso de los meses invernales. El déficit calórico se compensa a partir de las reservas corporales, principalmente, de las células adiposas.

 

 

De la misma manera que la naturaleza despierta del sueño invernal y desarrolla hojas y flores en primavera, también el ser humano pone fin a su ayuno, y al igual que en la naturaleza, se produce una vigorosa neo formación de estructuras proteicas jóvenes, similar solo a la que acontece en el niño durante la etapa del crecimiento.

 

 

LOS ANIMALES AYUNAN

Los animales ayunan según la temporada y la disponibilidad de alimentos, Francouse Wilhelmi nos cuenta la historia del pájaro bobo: un gran profesional del ayuno (1): “Quisiera presentarles al pájaro bobo (Aptenodytes patagonicus), al que el Dr. Yvon Le Maho (2) ha estado estudiando desde hace 30 años en el frío entorno antártico. Para reproducirse, tiene que adentrarse en tierra hasta 180 kilómetros de distancia del mar. Las hembras y los machos, bien alimentados y rollizos, migran hasta su lugar de incubación. A partir de ese momento, vivirán durante las próximas semanas de sus reservas: grasa, vitaminas, minerales y también un poco de proteínas, que consumen de forma moderada al igual que los seres humanos. Mientras ayunan, los pájaros bobos buscan su “media naranja” y se aparean. Durante el ayuno, la hembra pone un huevo a las 5 o 6 semanas.

 

 

Después de este esfuerzo, el pájaro bobo hembra se pone en camino de regreso al mar para reconstituir sus reservas corporales. Por eso, entrega el huevo al feliz padre, que lo acoge en su bolsa abdominal. Durante 65 días, el abdomen graso sirve al futuro padre como almacén, a la vez que protege el huevo del frío (hasta -40, -50°C). Poco antes de que las reservas adiposas paternas se agoten, el pollo sale del huevo.

 

 

Pero entonces el pingüino imperial se vuelve intranquilo y espera impaciente a su pareja, porque después de 115 días de ayuno se manifiesta una sensación irresistible de que tiene que regresar al mar para pescar. Si la hembra regresa a tiempo para acoger al pollo, lo alimentará con el pescado que ha conservado durante días en su estómago. Pero si la hembra no vuelve oportunamente (por ejemplo, porque ha muerto), el macho abandonará a su cría, que no podrá sobrevivir por su cuenta. ¡Tan intensa es la señal que transmite el metabolismo de que tiene que reconstituir sus reservas corporales!”

 

 

Esta señal – similar a la de un depósito de gasolina que pasa a la reserva – se ha descrito también en la etapa terminal de la anorexia y equivale quizás al “hambre verdadera” del ser humano al final de un ayuno de varias semanas que describieron los antiguos médicos especialistas en ayuno: el umbral entre el ayuno y la inanición crónica.

 

 

EL EFECTO YO-YO NATURAL

 

 

EN MUCHOS ANIMALES

Las personas y los animales que viven de forma natural pierden peso cada año según la estación y la disponibilidad de alimentos, para recuperar después el peso inicial. Una variación de peso dependiente de la estación es normal y representa una forma del “efecto yo-yo” natural. Se ha denominado injustamente efecto yo-yo al hecho de que ciertas personas obesas pierdan mucho peso con cualquier dieta y, a continuación, aumenten de forma descontrolada por encima del peso inicial. El efecto yo-yo ocurre de forma natural y más en personas obesas que tienen facilidad para comer.

 

 

Se sabe que las aves son nómadas del aire, que emigran a tierras ricas en alimentos cuando comienza la estación fría del año. A menudo están varios días en camino, no comen ni beben, pero se ejercitan intensamente. Si bien aprovechan las corrientes favorables de viento para proteger sus reservas corporales, en ciertos trayectos dependen por completo de las propias reservas de su cuerpo (grasas, proteínas, vitaminas, minerales y, sobre todo, agua) como fuente de energía y alimento. Para ahorrar agua, tienen la posibilidad de condensar en su pico el vapor de agua del aire que exhalan para reaprovecharlo después. El oso inverna y ayuna, muchos ciervos y cabras salvajes pasarán el invierno con poca comida. Y sobre todo, los animales ayunan cuando se sienten enfermos o han sufrido graves traumatismos. A veces ayunan hasta curar sus heridas o fracturas.

 

 

En nuestra prehistoria, durante miles de años estuvimos entrenados a las hambrunas, al ayuno y, además, a llevarlos con épocas de intenso ejercicio; a épocas en las que había que estar sedentario en las cuevas protegidos del frío, con lo que nuestro organismo desarrolló ambas capacidades para la supervivencia y mecanismos para sobrevivir de las reservas sin perder musculatura o perdiéndola en cantidades mínimas (3).

 

 

BIBLIOGRAFÍA

1. Wilhelmi de Toledo, Francoise. El ayuno Terapéutico Büchinger. Ed Herder. Barcelona. 2003.

2. http: /www.scar.org/about/officers/alternatedelegates/.

3. Campillo Álvarez, José Enrique. El mono Obeso. Ed. Critica. Barcelona. 2004.

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