La inteligencia artificial y el ser humano

Ciencia

 

 

QUÉ DEFINE A UN SER HUMANO

La respuesta a esta pregunta puede conducirnos por una maraña de respuestas y demás consideraciones. Pero, se puede realizar un esbozo de lo que define la humanidad de un ser vivo.

 

EL SER HUMANO Y LOS SERES VIVOS

¿Por qué nos llamamos particularmente seres humanos? ¿Qué nos convierte en seres exclusivos en este planeta Tierra? La respuesta no puede presentarse en un contexto donde la certeza sería absoluta. De manera muy general, podemos distinguirnos de los animales y de las plantas por una característica inherente a nosotros: la conciencia.

 

La conciencia humana, es decir, aquello que almacena las turbulencias y júbilos de nuestro pasado y nos define moralmente, es un paso evolutivo por encima de las plantas y de los animales.

 

Entonces, ¿cuál es el mayor beneficio de contar con una conciencia? Indudablemente, ser seres conscientes significa que somos capaces de tomar decisiones, y el simple hecho de tomar decisiones significa que poseemos el sentido del bien y del mal.

 

Es la elección individual entre ambos espectros lo que define el carácter, la autenticidad y la esencia de cada ser humano. El resto de seres vivos en el planeta, hasta el momento, no cuentan con esta capacidad.

 

LA GRAN PREGUNTA

Todo lo que se discute en este punto es estrictamente especulativo, pues, si bien las consideraciones humanistas y emocionales en cuanto al desarrollo de la Inteligencia Artificial son temas sustanciales en tiempos modernos, aún se debe construir una verdadera mente artificial capaz de exhibir conciencia.

 

Si consideramos que una máquina, robot, programa de inteligencia, etc., puede diseñarse con una sólida base de inteligencia artificial, y que esta última, a través del tiempo, puede infiltrar a sus agentes de emociones, sentimientos, nociones propias y una férrea distinción entre lo que está bien y lo que está mal, ¿por qué entonces nos parecería extraño que un ser humano exista no en carne y hueso, sino en tuercas, cables y demás materiales ajenos a los elementos biológicos?

 

 

LA COMPLEJA RESPUESTA

Una consideración bastante simple para esta pregunta es que el hecho de pensar en creaciones artificiales como seres capaces de humanidad y entendimiento sería una forma de quebrar y destruir muchas de las ideas (religiosas, científicas, morales, etc.) a las que estamos acostumbrados.

 

 

EL PREJUICIO DE LO QUE ES UN SER HUMANO

Todo ser moral reincide, tanto de forma consciente como inconsciente, en prejuicios que encasillan sus ideas y las privan de una complejidad mayor.

 

Si buscamos rápidamente en el diccionario, encontramos que ser humano significa: “Ser animado racional, varón o mujer”. Si en el futuro existen robots y seres animados capaces de raciocinio, ¿qué los separaría realmente de nosotros? Varón o mujer…Pero, y si estas máquinas pueden tomar la forma artificial del cuerpo de un hombre o de una mujer, entonces, ¿dónde está la distinción entre ellos y nosotros?

 

 

LO QUE VEMOS Y LO QUE ES NORMAL

Supongamos que alguien inventa una máquina capaz de crear emociones, reaccionar a situaciones del entorno y formar un juicio moral propio, y consideremos que esta máquina posee los rasgos físicos de un hombre o de una mujer, ¿sería muy distinto para nosotros interactuar con ellos de lo que sería con otras personas?

 

El ser humano se introduce en el mundo a través de la visión, aquello que ve es muchas veces la primera sensación que tiene sobre objetos, lugares y personas. Mucho de lo que vemos, entonces, se concentra en nuestro inconsciente y nos permite aceptarlo como parte de nuestro entorno. En el caso que nos ocupa, si observáramos a una máquina sintiente con rasgos físicos humanos, nuestra conciencia, acaso de manera involuntaria, juzgaría a esa forma de vida artificial como un ser común entre los muchos que existen en nuestras vidas.

 

Esta consideración es importante, pues para que pueda existir inteligencia artificial con capacidades humanas, no basta únicamente que estas formas de vida puedan mostrar caracteres humanos, también es sustancial que nosotros, seres humanos por naturaleza, podamos reaccionar de forma natural hacia ellas.

 

 

EL MITO DE LAS MÁQUINAS Y EL CREADOR

Explicándolo de una manera 

sencilla, si pudiésemos en algún momento diseñar inteligencia 

artificial con capacidades 

humanas, nosotros nos convertiríamos en creadores de vida y, esto último, terminaría por cuestionar muchas de las consideraciones primarias sobre Dios y su relación 

hacia sus creaciones. 

 

Una pregunta interesante es: ¿estaría preparado el ser humano para crear vida humana más allá de la propia? ¿Puede el ser humano de carne y hueso 

asumir el rol de una deidad 

capaz de crear vida? 

Como hemos mencionado anteriormente, es muy posible que una máquina con inteligencia artificial pueda alcanzar reacciones humanas que la conviertan, por extensión, en un ser humano. Lo único que parecería separarnos de estas consideraciones es nuestro propio temor, prejuicio, y dificultad de imaginarnos que sería posible crear vida humana ajena a la nuestra. Todavía es inmensamente complicado considerar que algo no diseñado por la fábrica de la naturaleza pueda adquirir 

humanidad con el tiempo. 

 

 

JUGANDO A DIOS Y AL DIABLO

Finalmente, este tipo de preguntas son interesantes porque, quién sabe si en algunos años serán realmente consideraciones morales con las que deberán lidiar las futuras generaciones. 

 

Lo cierto es que, con todo inicio de vida, siempre se presentarán complejidades de variada índole. ¿Cómo reaccionaría una máquina al enterarse de que ha sido diseñada por nosotros? Para el ser humano, nuestro origen es aún un misterio por resolver, pero un ser creado con inteligencia artificial podría interactuar fácil y directamente con sus creadores. ¿Qué consecuencias tendría esto para su forma de observar y entender el mundo?

 

La serie de televisión Westworld, que se estrenó hace unos meses en HBO, presenta interesantes postulados al respecto. La serie se basa en un amplio parque de diversiones llamado Westworld, donde las personas que tienen la capacidad económica de pagar la costosa tarifa de entrada, pueden vestirse como vaqueros y demás figuras del oeste americano e interactuar de diversas maneras con seres de avanzada inteligencia artificial. El parque es tan real, que muchas veces los propios visitantes pueden perderse entre aquellas personas que son como ellos, y aquellas que han sido diseñadas. 

 

El creador de estos seres es un hombre llamado Ford, interpretado por Anthony Hopkins, quien, en un momento de preocupación, conversa con Bernard, uno de sus ingenieros más hábiles. Bernard cuestiona la capacidad con que estos seres empiezan a tener recuerdos de cuando les han disparado, mutilado o abusado de distinta manera por los visitantes del parque. Bernard le menciona al doctor Ford que acaso estén diseñando una forma de vida que, con el tiempo, se verá atormentada por los muchos terrores y sufrimientos acumulados. Ford, reconociendo la complejidad de aquello que recrean en el parque, le menciona a Bernard que: “Para jugar a Dios, a veces uno debe jugar como el Diablo también.”

 

Las posibilidades de que la inteligencia artificial alcance humanidad propia, son indudablemente fascinantes. El futuro, si bien incierto, nos presentará nuevas cuestiones morales sobre la conciencia humana, y nos aproximará cada vez más a la respuesta sobre qué es un ser humano realmente.      

 

 

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