NUESTRA MISIÓN EN LA VIDA

Mente

 

 

 

 

Daniel Ferminades

Maestro espiritual

Fundación Impulso de una Nueva Vida

ARGENTINA

 

 

Nuestra misión en la Tierra es hacer el bien más allá del mal que nos ocasionen.

 

No importa la edad ni el momento en que lo descubramos. Desde que uno tiene uso de razón y comienza, desde su lógica y entendimiento a tener contacto e interactuar con el entorno, tiene que comenzar a vivir de esta manera.

 

Hay situaciones que nos resulta cómodo hacerlo. En otros momentos es más difícil, porque las personas con las que compartimos no están abiertas a comprender que en la vida podemos tener distintos enfoques o actitudes a la hora de enfrentarlas. A veces será más fácil, otras más difícil, pero siempre tenemos que hacer el bien más allá del mal que nos ocasionen.

 

 

El camino es el del amor

Debemos tener presente que el amor es el camino, y en un camino de amor no está contemplado el mal.

 

Quien así vive no cae en la ceguera. Cuando vemos con amor, podemos observar las acciones o actitudes equivocadas de muchas personas buscando para sí satisfacciones, recompensas, sin considerar las consecuencias del camino que siguen. En este obrar inconsciente, egoísta, se ocasionan daño.

 

Muchas veces no estamos tan atentos a lo que hacemos nosotros mismos porque miramos lo que hace el otro. Deberíamos evaluar cuáles son las consecuencias de nuestras acciones en los demás. Tratemos de mejorar, de superarnos, de incorporar a la vida todo lo que vamos aprendiendo, así nuestro conocimiento se vuelve útil para todos cuando lo realizamos y lo concretamos en una obra.

 

Cuando tan solo aprendemos y guardamos esa información en nuestro intelecto, nos creemos sabios, somos conocedores de verdades que no se vuelven útiles para los demás. Si no las manifestamos en una obra, no se hacen visibles o accesibles. Tenemos que construir con el conocimiento del que vamos tomando conciencia.

 

 

El espíritu tiene sus dones

Los dones del espíritu nos ayudan a tener un contacto más claro, concreto y consciente con la realidad del mundo del espíritu. Estos dones son como sentidos que tiene el espíritu para estar en contacto con la realidad de su mundo. Llegan a la vida de todos cuando, a través de nuestra forma física, comenzamos a poner de manifiesto lo que hemos ido aprendiendo y reconociendo como verdad.

 

Hay personas que conocen mucho y tienen como verdad información por medio de una lectura, por haber escuchado o por su propia reflexión al respecto, pero son pocos los que se disponen a hacer algo con eso. En la medida en que no lo ponemos de manifiesto y tan solo lo almacenamos en nuestra mente, no baja del plano mental. No llega a afectarnos emocionalmente para bien, ni se genera una emoción afín a este pensamiento amoroso, de claridad, de luz y, por lo tanto, no se plasma en una obra, tan solo queda en el intelecto. Esto nos afecta porque creemos que por “saber” estamos iluminados, y en realidad la luz llega plena y completa no cuando solo sabemos sino cuando ejecutamos, porque allí se cierra este ciclo o se vive este proceso.

 

Supe, sé…A partir de que supe, de que sé, tengo claridad sobre qué hacer, ahora entiendo y estoy más dispuesto a llevar adelante mi vida por lo que siento en el corazón y no tanto por lo que dicen los demás. Empiezo a hacer lo que siento y siento hacer lo que sé, no otra cosa. Para poder hacer lo que sé y lo que siento, tengo que estar dispuesto con osadía a enfrentar lo que se presenta. Tiene que ser la verdad la que permanezca, la que salga a la luz, la que llegue victoriosa al objetivo. Y tiene que encontrarme dispuesto.

 

En este camino de llevar la verdad adelante, más allá de lo que los demás piensen, opinen o digan, tenemos que ir enfrentándonos con las reacciones que se generan en las demás personas que no entienden por qué hablamos de esta manera. Esto provoca dolor por falta de comprensión, genera reacciones porque nuestras acciones son diferentes. Tal vez ese aparente mal desde el egoísmo, desde la inconsciencia, es algo con lo que tendremos que enfrentarnos y aceptar como parte de la realidad que se manifiesta en el mundo en el que vivimos.

 

Hacer el bien más allá del mal que nos ocasionen, poner de manifiesto las verdades que vamos reconociendo, favorece que lleguen a nuestras vidas los dones del espíritu. Esos dones son realidades para el espíritu y son creencias para las personas.

 

 

Creer es dudar

La expresión que tenemos al momento de decir “creo” es de duda o inseguridad. Como Dios es Amor, el camino del amor es el que nos conduce a Él.

 

Tenemos que vivir todo el tiempo en el camino del amor, toda la vida, siempre, en todo momento, con nuestro corazón, con nuestra mente, con sentimiento, con nuestro cuerpo y en nuestras acciones.

 

El amor no nos aleja del dolor y de la injusticia sino que nos acerca, porque en ese lugar están los que necesitan el amor que llevamos en nuestros corazones. No hay que apartarse de esas personas, sino estar atentos a hacer el bien más allá del mal que nos ocasionen.

 

Al hacer el bien vamos entendiendo. No somos perfectos, estamos tratando de superarnos. A través de cada experiencia tenemos la posibilidad de hacerlo. Superarnos, no es superar a nadie ni destacarnos por encima de los demás, es ser cada día más puros, más sinceros y ofrecer menos resistencia para que Dios se exprese a través de nosotros. De esta manera, lo que está en el corazón de todos puede expresarse cada vez con más claridad a través de la boca y también a través de los hechos de la vida.

 

Tratemos de observar nuestra vida con claridad, esto nos ayudará a ver y a distinguir en la vida de los demás todo lo que se expresa. A veces queremos enseñar cómo hacer las cosas, a pesar de que no podemos resolverlas en nuestras propias vidas.

 

Tenemos que aprender de todo eso, no se trata de callarnos porque no lo hemos superado. Hay que asumir lo que somos, nuestras debilidades y nuestras fortalezas ante determinadas situaciones, y tener en claro cómo llevarlas adelante. Ser un poco más sinceros cada día y en cada momento.

 

Muchas veces nos engañamos, vemos lo que nos conviene y no vemos lo que está dentro de nosotros porque hay cosas que nos hieren, que nos duelen. Justamente eso que no queremos ver es lo que hay que laborar, lo que tenemos que cambiar y modificar.

 

 

Resolver los problemas…

No cambiaremos si olvidamos los problemas. Los problemas no se resuelven dejando de atenderlos. Se resuelven cuando se los atiende con la intención de traer orden a la vida.

Al poner orden, el problema desaparece y lo que queda a cambio es la solución.

 

Cuando obtenemos respuestas nos sentimos satisfechos, nuestra alma y espíritu se sienten colmados. Ante aquello que era solo una duda o una creencia obtenemos seguridad, y cuando la tenemos no buscamos a la fe para que nos ayude a creer porque ahora sabemos. Y sabiendo, podemos dar fe porque ahora lo vivimos.

 

Si vamos reconociendo la verdad, tenemos que ser fieles a ella, tenemos que tomar la decisión de llevarla adelante a través de nuestra vida. No es tan solo algo para hablar con las personas que piensan igual, sino que tiene que convertirse en verdad dentro de nosotros.

 

Nuestra misión es hacer el bien más allá del mal que nos ocasionen, así tenemos que encarar la vida. Esto es hoy, nadie vive en el futuro. Se vive en el presente, que es el momento para poner de manifiesto lo que se entiende.

 

¿Cómo podemos estar pensando que algún día habrá un mundo de amor? Hoy mismo tiene que ser un mundo de amor para nosotros. Para el mundo entero tal vez no, porque sería necesario que cada persona lo lleve a la práctica en su vida diaria y no todos lo entienden de esa manera.

 

Si así lo entendemos, para nosotros tiene que ser posible. Y tenemos que hacer el esfuerzo.

 

 

 

DANIEL FERMINADES www.impulsodeunanuevavida.org

 

INFORMACIÓN INSTITUCIONAL

La Fundación Impulso de una Nueva Vida nació en el año 2012, dándole así continuidad, dentro de una organización formal, a la tarea diaria que viene desarrollando cada uno de quienes la integran para dar a conocer la verdad de la palabra de Daniel Ferminades.

 

Así el objetivo formal y real de la Fundación es acompañar el Impulso hacia una Nueva Vida, recuperando los valores primordiales del ser humano basados en el amor y la voluntad, inspirados en los conocimientos y las experiencias espirituales de Daniel, dirigidos a todas las personas sin distinción de nacionalidad, grupo étnico, ideologías y/o religiones.

 

Para ello, en su misión, la Fundación viene desarrollando actividades tales como:

a) Organización de encuentros abiertos, libres y gratuitos en el país y en el exterior.

b) Publicación de libros u otros soportes gráficos.

c) Gestión de la difusión por medios masivos de comunicación, tales como emisiones radiales, televisivas, periódicos, revistas e Internet.

d) Realización de actividades solidarias de extensión a la comunidad.

 

Su sede central está ubicada en la ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos, Argentina, surgiendo día a día nuevos grupos en el país y en el exterior que, reconociendo la coherencia y claridad del mensaje, se suman a organizar eventos. Podemos mencionar: Colombia, Chile, Ecuador, Perú y España.

Sedes e información de contactos:

Sede Central: Pascual Palma 140 – Paraná Entre Ríos

Tel: +54 343-4234185. Mail: fundacion@impulsodeunanuevavida.org

WhatsApp: +54 9 343 4684373

 

 

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