ECONOTICIAS NANOTUBOS DE CARBONO, UNA NUEVA FORMA DE ACUMULAR ENERGÍA SOLAR

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Hace algún tiempo, el profesor del MIT Jeffrey Grossman y otros cuatro colegas encontraron un método para almacenar mejor la energía solar de manera química. Sin embargo, sabían que el proceso sería más sencillo si encontraban otros materiales con las mismas características y más abundantes. Ahora, Grossman junto al investigador Alexie Kolpak han encontrado un material con estas características: nanotubos de carbono combinados con azobenceno. Según Grossman este nuevo material "tiene propiedades que no existen en otros materiales de manera separada".

 

Este innovador método soluciona varios de los inconvenientes habituales relacionados con el almacenamiento de la energía solar, mediante el uso de productos químicos. Además supone ventajas significativas con respecto a la conversión eléctrica o al uso de recipientes térmicos aislados.

 

El almacenamiento a través de productos químicos puede extenderse por largos períodos de tiempo sin perder ningún porcentaje de la energía almacenada. El problema con este enfoque hasta hoy ha sido que los productos químicos, necesarios para realizar esta conversión y el almacenamiento, se degradan después de algunos ciclos, como sucede por ejemplo con el rutenio, que además es muy costoso.

 

Sin embargo, el grupo de investigación del MIT, liderado por los especialistas Jeffrey Grossman y Alexie Kolpak, ha desarrollado una nueva perspectiva con fulvalene diruthenium, una molécula conocida por los científicos como la mejor alternativa química para el almacenamiento de energía solar, ya que permite el desarrollo de dispositivos que no se degradan.

 

Además de ser menos caro y más fácil de conseguir que el rutenio, tiene una mayor capacidad de acumulación de energía. Exactamente, explica el investigador Alexie Kolpak, "unas 10.000 veces más densidad volumétrica de acumulación de energía" respecto al contenido de rutenio, y tiene más densidad energética que las baterías de ion litio. Además, "podemos controlar las interacciones moleculares incrementando la cantidad de energía acumulada y el tiempo que puede permanecer almacenada. Y lo más importante, es que podemos controlar ambos factores de manera independiente".

 

De este modo, la estructura molecular de los materiales de almacenamiento termoquímico cambia por la acción de la energía solar. Posteriormente, para liberar la energía acumulada solo hace falta un pequeño cambio de temperatura, una catálisis química o algún estímulo externo mínimo para producir una reacción en cadena y aprovechar la energía.

 

Lo interesante de este nuevo material también es la capacidad de simplificación del proceso. En palabras de Grossman, "tenemos un material que convierte y almacena la energía en un solo paso, y que además es resistente, no se degrada y es barato".

 

La única limitación, es que aunque este método es útil para aplicaciones de calefacción, en el caso de la producción de electricidad se requiere también un proceso de conversión, el uso de dispositivos termoeléctricos o la producción de vapor para poner en marcha un generador.

 

Según Grossman, el método diseñado es un concepto general que se puede aplicar a muchos nuevos materiales que ya han sido sintetizadas por otros investigadores para diferentes aplicaciones.

 

Ahora será necesario adaptar sus propiedades para el almacenamiento de energía solar térmica, permitiendo que esta nueva tecnología amplíe en mayor medida su impacto y aplicación.

 

 

De todos modos, aún queda mucho por investigar sobre nuevos materiales que logren almacenar energía solar de manera estable y duradera.

 

Fuentes de consulta:

 

tendencias21.net

 

mundo.sputniknews.com

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