HOMBRE, MUJER, Y EL FUTURO DE LA HUMANIDAD

Mente
Omraam Mikhaël Aïvanhov
Maestro de la Fraternidad Blanca Universal

FRANCIA

 

La galvanoplastia espiritual es una aplicación en la vida interna de la ciencia de los dos principios: el masculino y el femenino. Hay numerosas aplicaciones de esta ley espiritual en la vida interior de los seres humanos. El fenómeno de galvanoplastia, interpretado por la Ciencia iniciática, nos enseña cómo tenemos que laborar con las fuerzas de la vida. Poniendo en nuestra cabeza (el ánodo), pen-samientos que son los materiales resistentes e incorruptibles. Colocando en nuestro corazón (el cátodo), la imagen de un ideal alto que lograr. Ligando o conectándonos a nuestro espíritu (la batería) que representa a Dios en nosotros mismos y de donde viene todas las fuerzas vivificantes.

 

Todos los días, conseguirán materiales sutiles que la corriente transportará a través de todo nuestro ser para que nosotros desarrollemos todas las cualidades que el Creador ha puesto en nosotros desde la creación del mundo. Estas son cuatro de las maneras de actuar en vuestra relación a la vida:

 

Amar sin desear poseer. Muchas personas tenemos un erróneo concepto del amor. Pensamos que el estar con una persona físicamente nos da cierto mando sobre ella y, sin embargo, no es el cuerpo el que se debe atraer, sino el espíritu. Y la atracción no significa reprimir la libertad; por el contrario, debemos entender y querer a nuestra pareja para que esta pueda amarnos libremente. La gran mayoría piensa que los celos son buenos, pero realmente, estos dañan a la persona, pues hacen que viva en continua desconfianza. Uno de los mejores métodos para liberarse de los celos consiste en aprender a elevar el amor a un plano superior. Cuanto más amemos en un plano más espiritual que físico, más sentiremos el deseo de dar a los demás, y de compartir con ellos esta alegría de amar.

 

Es maravilloso casarse, pero no para sufrir. Recuerden que la regla esencial es no considerar jamás a vuestra pareja como propiedad, porque llegará el momento en que se den cuenta que ese ser no les pertenece. Además, esas personas existían antes de conocerlos y existirán después de ustedes. Así pues, consideren a su pareja como su socio para esta existencia y recuerden que es libre. Si quieren hacer algo por ustedes, alégrense, pero ninguna ley puede obligarlos; ellos deben estar unidos a ustedes por su libre consentimiento. Es necesario que hombres y mujeres se digan: "Vamos a dar lo mejor de nosotros mismos y vamos a ser honestos", esa es la mejor manera de estar juntos, porque esta ciencia es infinita como la vida.

 

La concepción de los hijos. Cuando nacemos, nos dicen que llega-mos al mundo con el pecado original. Particularmente, no estoy de acuerdo con esto, pues propagando esta idea se impide a la humanidad reorientarse; disminuye su esperanza y su deseo de salir de esta situación. Si el hombre encuentra la luz, si se vuelve sabio, inteligente y puro, el que Adán y Eva hayan cometido un pecado no tiene ninguna importancia porque todo puede transformarse. No debemos inculcarles ideas que los mantengan siempre en la culpabilidad y en la imperfección. El progreso puede realizarse si hombres y mujeres toman conciencia de su responsabilidad en la concepción y en la gestación de los niños.

 

Y es que dos seres que se unen para tener un hijo, deben hacerlo en la luz; es decir, con la conciencia de que van a laborar juntos en una empresa grandiosa; de lo contrario, si solo buscan placer en el acto sexual, se asemejarán a los ladrones, pues no hacen otra cosa que desvalijar a su compañero tomando sus fuerzas, su vitalidad. Y por esa actitud de ladrón, atraerán también a un ladrón a la familia, pues ladrones los hay bajo todo tipo de formas. No solo existe gente que roba dinero, también hay quienes roban pensamientos, sentimientos, inspiraciones de los corazones, de las almas y de los espíritus.

 

Es justamente en ese momento tan esencial, el de la concepción, cuando el pensamiento debe estar presente para que el hombre y la mujer sean como obreros conscientes de la importancia de su acto. E incluso antes deben orar, implorar al cielo para que les envíe un alma de élite que no aporte más que bendiciones a la colectividad. La fusión del hombre y de la mujer es la representación del fenómeno cósmico de la unión del espíritu y de la materia: el espíritu que desciende para animar la materia, y la materia que se eleva para dar al espíritu las posibilidades de fijarse y de realizar así sus proyectos.

 

Por ello, antes de tener un niño, el hombre y la mujer deben empezar a prepararse para convertirse en conductores de los dos principios masculino y femenino que están en lo alto, en el principio divino. Por tanto, el hombre debe esforzarse por encarnar este principio absoluto, este principio perfecto de grandeza, de inteligencia, de poder, de nobleza, de estabilidad que representa el Padre Celestial. Y la mujer también debe esforzarse por llegar a ser la encarnación del principio de la Madre Divina, que es belleza, pureza, ternura, delicadeza, generosidad, dulzura, sutileza.

 

Si ambos están mentalizados en el papel que les toca en la vida, entonces nacerá un niño divino, porque habrá sido concebido en un estado divino. Recuerden que la humanidad no puede ser transformada más que por padres y madres inteligentes y conscientes, que traerán al mundo niños sanos y dotados de las más bellas cualidades.

 

La gestación. En el momento de la concepción, el padre proporciona la simiente: esta puede ser la de un hombre vulgar, e incluso la de un criminal, pero también puede pertenecer a un ser muy evolucionado. Y la madre, por su actividad psíquica, puede favorecer, o por el contrario obstaculizar las manifestaciones de las tendencias contenidas en la simiente. Por ello es importante comprender cuál es la función del hombre y cuál la de la mujer. La del hombre, el dar la simiente para iniciar el proyecto de lo que será el niño; y la mujer, por la calidad de los materiales que aporta, tiene el poder de llevar a cabo este proyecto o, por el contrario, el de oponerse a su realización. Por ello, el poder de la mujer es inmenso durante todo el tiempo del embarazo. La mayoría de las mujeres no sospecha la influencia que ejerce su forma de vivir sobre el niño que esperan. Imaginan que el niño lleva una existencia absolutamente independiente de ellas, piensan que son libres de llevar la vida que les plazca, de tener cualquier pensamiento o emoción sin que nada de esto afecte al bebé. No imaginan que incluso al estar deprimidas sus órganos estarán formando un ser de naturaleza defectuosa.

 

La verdadera educación del niño empieza antes de su nacimiento, y comienza por la educación de los padres, que deben prepararse interiormente con mucha antelación para una mejor comprensión del amor, y así poder atraer un espíritu excepcional hacia su familia.

 

Los hijos de nuestro intelecto y de nuestro corazón. El Génesis relata que Dios dijo a los primeros hombres: "Creced, multiplicaos y poblad la tierra". Se ha entendido mal el sentido de estas palabras, pues si hablamos de multiplicarnos, entonces, los microbios nos llevarían la delantera. Para ello, hay que comprender primeramente que la familia (abuelos, padres, hijos) se encuentran en nosotros.

 

El abuelo es el espíritu y la abuela, el alma. El padre representa el intelecto; la madre, el corazón. ¿Y los hijos? Son pensamientos que producen el intelecto, y los sentimientos que produce el corazón. Por otra parte los pensamientos son los jóvenes que pueden a su vez traer al mundo hijos, y estos hijos no son otra cosa que los actos, porque estos siempre nacen de la unión del intelecto y del corazón. Así pues, los actos son los niños más pequeños. Y entre ellos, algunos son masculinos y otros femeninos, es decir, que algunos son inspirados por el pensamiento y otros por el sentimiento. No puede haber pensamientos y sentimientos si no existieran un intelecto y un corazón... ni intelecto ni corazón, sí un alma y un espíritu procedentes de un Alma y de un Espíritu cósmico...Y así hasta llegar a Dios... ¡Ved qué familia formamos! El futuro de la humanidad depende de los hijos; es decir, de los pensamientos y de los sentimientos que cada hombre y cada mujer decidan traer al mundo. Así pues, comenzad por aquí: cread hijos divinos; es decir, buenos sentimientos, pensamientos luminosos, laborando para purificar vuestro corazón e iluminando vuestro intelecto para que sean instrumentos perfectos del alma y del espíritu. Por ahí comienza la verdadera labor para salvar a la humanidad.

 

 

Extraído del libro “La galvanoplastia espiritual y el futuro de la humanidad, la mística del hombre y la mujer”

Autor: Omraam Mikhaël Aïvanhov

Editado por Bien de Salud

con la autorización de Editorial Prosveta www.prosveta.com

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