LOS HÁBITOS SE INICIAN EN EL CEREBRO

Cuerpo

 

 

Una explicación bastante simple, aunque lógica, sería que las experiencias adquiridas en un entorno particular han contribuido a la formación de reacciones, tanto positivas como negativas, hacia fenómenos o situaciones que encontramos en él.

 

Nuestra memoria se basa en imágenes y emociones. De esta forma, una emoción puede suscitar el recuerdo repentino de una imagen placentera o negativa, como de la misma forma puede provocar una vorágine de retratos provenientes de variadas situaciones vividas.

 

Por ello diremos que dentro de la memoria, las imágenes y las emociones son inclusivas y no son agentes que excluyen sus capacidades.

 

Otra explicación proviene de un cuadro neurológico en el que el cerebro ha educado a las emociones para manifestarse de cierta manera ante situaciones específicas.

 

Este modo de instrucción parte de una memoria cerebral donde las costumbres se han amalgamado y aprendido con cuidado, de modo que al desarrollarse un evento o circunstancia particular nuestro cerebro reconoce de inmediato las características de nuestras reacciones.

 

La participación de nuestro cerebro en los pequeños hábitos o manías que desarrollamos es aún una hipótesis que continúa sumando fundamentos.

 

Lo que sí puede destacarse y afirmarse es que las diminutas variaciones de nuestra conducta son en realidad la piedra angular de nuestro comportamiento en el porvenir. El comportamiento externo no es el único que se ve perjudicado por una falta de atención hacia las manías y hábitos que continúan sin resolverse. En realidad, nuestra conducta externa no es más que la manifestación de un componente más importante: nuestras emociones y comportamientos internos. Esto representa el hemisferio de nuestra vida donde se asimilan situaciones, se desarrollan reflexiones y se forman actitudes.

 

 

PARA EMPEZAR…

 

¿Qué es una manía?

Reconocida también como un intenso estado de furor, representa una anomalía mental traducida en forma de trastorno. Se manifiesta por medio de un estado anímico o conducta constante y perjudicial por sus niveles de ansiedad. Es sustancial poder distinguir sus dos vertientes:

 

La manía puede atribuirse a un estado obsesivo de intensa ansiedad y angustia, donde la persona empieza a desarrollar conductas con un mínimo de consecuencias de trastorno.

 

El estado o episodio maníaco es una manifestación elevada de ansiedad, particularmente característica del trastorno bipolar, donde la persona posee escasas herramientas para defenderse de la anomalía.

 

 

¿Cuál es el peligro de los hábitos?

Toda enfermedad o malestar de origen psiquiátrico se origina por medio de un hábito sin corregir. Como se ha mencionado en numerosas ocasiones, las cosas más pequeñas, con el tiempo, son siempre las más grandes.

 

El perfecto indicador de nuestra conducta y actitud es el simple modo en que reaccionamos ante determinadas situaciones que, en un principio, parecen acontecimientos diarios y triviales. Pero todo esto representa en realidad lo contrario. Las reacciones ante eventos insignificantes son esbozos de una actitud que vamos a desarrollar con el tiempo y que, de mostrarse negativa, es fundamental corregir.

 

 

El cerebro y las emociones

El cerebro humano se encuentra intrínsecamente relacionado a la manifestación de actos emocionales en nuestro organismo.

 

Para regular, procesar estímulos y generar respuestas fisiológicas es necesario un sistema que pueda desarrollar las actividades cerebrales y comunicar la información al resto de células del cuerpo.

El sistema límbico, formado por las estructuras cerebrales, satisface esta necesidad para generar un control y regulación en áreas como la atención, la memoria, las emociones, las características de la personalidad y los impulsos sexuales.

 

 

ES IMPORTANTE SABER QUE…

El sistema límbico actúa por medio de una rápida interacción tanto con el sistema nervioso autónomo como con el sistema endócrino.

 

 

Reconociendo malos hábitos en la infancia

Desde los seis meses hasta aproximadamente los seis años, los niños y niñas desarrollan un conjunto de manías que con el tiempo pueden reaparecer en su comportamiento adulto.

 

 

A continuación, algunas de las manías más frecuentes:

- Dependencia del chupón: es importante que encontremos sustitutos para esta dependencia, que en no pocas ocasiones se prolonga hasta los cuatro años. Como padres, es necesario generar una educación que pueda adaptarse a las nuevas formas y objetos con el fin de erradicar inclinaciones hacia futuras dependencias.

 

- Morderse las uñas y chuparse los dedos: generalmente estos hábitos se vinculan a respuestas de angustia y ansiedad. Cuando observamos que estas manías se mantienen con regularidad, es importante corregirlas y brindarle seguridad al pequeño sin quitarle la oportunidad de desenvolverse con autonomía.

 

- Balancearse y golpearse la cabeza: muchas veces esta actividad se relaciona con un alto grado de estrés que requiere ser liberado. El niño o niña realizan esta manía para remover el sentimiento de estrés en sus emociones. Sin embargo, de conseguirse resultados positivos, los pequeños relacionan el hábito como uno de placer y productividad. Es necesario fomentar una distinción entre placer positivo y sano, y aquello que puede hacernos daño.

 

Rascarse o hurgarse la nariz: esta actividad revela inclinaciones de insalubridad y escasa disposición por mantener una buena higiene. Fomentemos la sana práctica de lavarnos las manos, limpiarnos con papel, cepillarnos los dientes y bañarnos por lo menos una vez al día.

 

 

¿Qué sucede con las personas adultas?

Si la necesidad por suprimir o corregir estas manías ha sido infructuosa en el pasado, en la etapa adulta es importante identificarlas con rapidez para conseguir erradicarlas.

 

A determinada edad, pasada la adolescencia, las personas experimentan hábitos que han llevado consigo desde niños, solo que se manifiestan de manera distinta, propia de la madurez emocional. Estos hábitos presentan una mayor tendencia hacia explosiones e impulsos de rabia, constantes cambios de ánimo basados en la limpieza y el peso corporal, y un descontento con aspectos de la vida diaria que se traducen en respuestas ansiosas.

 

Esto se debe, pues, a la memoria cerebral reforzada desde la niñez que es necesario corregir y adaptar a nuevas actitudes. Es aconsejable empezar con alternativas como el deporte, actividades familiares y terapias conductuales.

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